S=E1bado, 30 de septiembre, a=F1o 2006 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoam=E9rica
(Este Libro fue Escrito por Iv=E1n Valarezo)
AMANDO A DIOS Y LOS DESEOS DE LA CARNE
Pues amamos a nuestro Padre Celestial, porque hemos sido formados en su
imagen y conforme a su semejanza santa para amarle, eternamente y para
siempre, por medio de los frutos de vida eterna, de su =C1rbol de vida,
su Hijo amado, =A1el Se=F1or Jesucristo! Por eso nuestro Dios guarda a
los que le aman en el esp=EDritu y en la verdad, de su nombre y de su
palabra santa, pero destruir=E1 a todos los imp=EDos, de sobre toda la
faz de la tierra, sin que jam=E1s quede ninguno de ellos, para empezar
entonces su nueva vida celestial, en su nuevo reino infinito.
En donde, s=F3lo el esp=EDritu de amor y de justicia eterna prevalezca,
en el coraz=F3n de todas sus criaturas, hombres y =E1ngeles por igual,
delante de su presencia santa y de su =C1rbol de vida eterna, para
siempre. Por esta raz=F3n, mi boca expresar=E1 la alabanza de mi Dios y
de mi redentor eterno, todos los d=EDas de mi vida por la tierra y aun
en el m=E1s all=E1, tambi=E9n, porque nuestro Dios es digno de suprema e
infinita alabanza, de la gloria y de la honra de nuestros corazones y
de nuestras almas redimidas por =C9l.
Pues s=F3lo =E9l es el Dios infinito de mi victoria, sobre cada una de
mis tinieblas, de los que se ven y de los que no (se ven), en la tierra
y en el m=E1s all=E1, tambi=E9n. Por lo tanto, en toda la tierra y sin
cesar: =A1Bendiga todo mortal su bendito nombre, desde hoy mismo y
eternamente y para siempre, en su nueva vida infinita del reino de los
cielos! Porque hay muchas riquezas de los dones del Esp=EDritu Santo de
milagros y de maravillas, desde ya, para cada uno de los que le aman a
=C9l y a su vida santa de su nuevo reino celestial, en la tierra y en el
cielo.
Ya que, s=F3lo nuestro Padre Celestial es santo en nuestros corazones y
en nuestras almas vivientes, en la tierra y en el m=E1s all=E1, tambi=E9n,
por siempre. Y como =E9l no hay otro Dios igual, hoy en d=EDa en la
tierra, ni para siempre, en la eternidad venidera, de su nuevo reino
infinito, de su =C1rbol de vida y de su humanidad inmortal, en el m=E1s
all=E1.
Porque s=F3lo nuestro Dios ha creado los cielos y la tierra, para que su
nombre sea eternamente engrandecido en el coraz=F3n, de cada hombre,
mujer, ni=F1o y ni=F1a, de la humanidad entera. Y esto es realmente de la
misma manera, que ha sido engrandecido en el coraz=F3n, de cada uno de
sus =E1ngeles, arc=E1ngeles, serafines, querubines y dem=E1s seres santos,
de su reino celestial, en la inmensidad.
Puesto que, el plan infinito de Dios ha sido desde siempre hacer una
vida totalmente nueva y eternamente gloriosa, y aun mucho m=E1s gloriosa
que la antigua, en su nuevo reino de los cielos y en toda la tierra, de
nuestros d=EDas, tambi=E9n, por medio de la vida =FAnica y sumamente
honrada de su =C1rbol de vida eterna. Es por eso, que el Se=F1or
Jesucristo siendo el =C1rbol de vida en el epicentro del para=EDso,
entonces tenia que ser tambi=E9n el =C1rbol de vida, en la tierra
escogida de Israel para la humanidad entera.
Por eso, la tierra volver=E1 ha nacer con nuevos cielos, "libre del
mal del pecado" de mentira y de maldad del coraz=F3n perdido, de
Lucifer y de sus =E1ngeles ca=EDdos, por ejemplo, para que entonces el
hombre y la mujer vuelvan a ocupar la tierra y vivirla, libremente de
toda amenaza de mentira y de muerte eterna del infierno. Y s=F3lo
entonces se alimenten sus corazones y sus almas redimidas del poder del
pecado por los frutos de vida y de salud eterna del Se=F1or Jesucristo,
porque s=F3lo Jesucristo es "el alimento principal" de sus corazones
y de sus esp=EDritus humanos en la tierra y en el para=EDso, para vida en
la tierra y para la eternidad, tambi=E9n.
En otras palabras, la voluntad de Dios ha de ser hecha en la tierra,
como siempre lo ha sido en el reino de los cielos, pero con mayores
glorias y con mayores santidades que las anteriores, por ejemplo. Y
esto es de que el nombre de su Jesucristo, en su coraz=F3n y en los
corazones de sus =E1ngeles santos, sea honrado de la misma manera, en el
coraz=F3n de cada hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a, de la humanidad entera,
en la tierra y en la eternidad venidera, de su nueva vida infinita y de
su Esp=EDritu Santo.
En vista de que, nuestro Padre Celestial ha decido destruir la vida de
todos los imp=EDos de todas las familias de las naciones, para redimir
por fin para su reino santo, a todos los que le han sido fieles a su
nombre bendito en sus corazones, durante sus d=EDas de vida delante de
su presencia santa, en la tierra. Porque s=F3lo ellos, en sus millares,
de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la
tierra, son dignos de vivir con =C9l y con su =C1rbol de vida eterna, en
el para=EDso y en su nueva ciudad celestial, de su Esp=EDritu Santo y de
su humanidad entera, protegida por siempre por sus =E1ngeles fieles, en
la eternidad.
Porque como la boca del imp=EDo ha maldecido mucho su nombre santo, como
los infieles lo han hecho a trav=E9s de los tiempos, en los mundos de la
antig=FCedad y hasta en el bajo mundo de los muertos, en el infierno,
por ejemplo. Pues entonces la boca de los justos le han de alabar y le
han de exaltar d=EDa y noche en la tierra y por los siglos en su nueva
vida infinita, de la tierra santa del nuevo reino de los cielos, como
en el para=EDso o como en la nueva ciudad celestial: La Jerusal=E9n Santa
y Eterna del m=E1s all=E1.
Ya que, el nombre de nuestro Dios Eterno tiene que ser exaltado y
alabado en cada coraz=F3n del hombre, de la mujer, del ni=F1o y de la
ni=F1a, de toda la humanidad entera, as=ED como ha sido siempre honrado
en los corazones, de los =E1ngeles del reino de los cielos, por ejemplo,
desde los d=EDas de la antig=FCedad y hasta nuestros tiempos. Por eso,
nuestro Dios ha de guardar d=EDa y noche a todos los que les aman a =C9l,
en el esp=EDritu y en la verdad sobrenatural de su nombre glorioso y
eternamente salvador de su Hijo amado, el Se=F1or Jesucristo. Y jam=E1s
tu coraz=F3n ha de temer al pecado ni al enemigo de tu vida, porque es
Dios quien te guarda por siempre hasta a=FAn m=E1s all=E1 de la eternidad,
por amor al nombre de su Jesucristo.
Dado que, no hay otro nombre mayor que el nombre del Se=F1or Jesucristo
en el cielo y por toda la tierra, tambi=E9n, en el cual podamos ser
perdonandos, sanados y redimidos de los poderes sobrenaturales del
pecado y de la muerte eterna, en el m=E1s all=E1, en el fuego del
infierno. Por eso, los que aman a Dios, entonces aman tambi=E9n a su
Hijo amado, recibiendo as=ED su nombre santo en sus corazones, para que
sus nombres sean entonces escritos en "el libro de la vida", en el
reino de los cielos, por el dedo de Dios y con la tinta sangre de
nuestro redentor eterno, el Se=F1or Jesucristo.
Adem=E1s, nuestros nombres jam=E1s han de ser borrados del libro de la
vida eterna de Dios, sino que han de permanecer para siempre, como el
nombre del Se=F1or Jesucristo ha de permanecer por siempre tambi=E9n, en
la tierra y en el m=E1s all=E1, en la nueva vida infinita del nuevo reino
de Dios y de su Esp=EDritu Santo, por ejemplo. Porque la verdad es que
una vez que Dios ha escrito su nombre santo en tu coraz=F3n, como el
nombre de su amor eterno, el Se=F1or Jesucristo, entonces no hay poder
sobrenatural alguno que lo pueda borrar de ti, para siempre.
Por esta raz=F3n, bienaventurado es el hombre fiel en su coraz=F3n a su
Dios y a su salvador celestial, el Se=F1or Jesucristo, y que persevera
bajo la prueba del enemigo, en todos los momentos de su vida por la
tierra, para vencer siempre al mal, a como de lugar, en su coraz=F3n y
en toda su alma viviente, tambi=E9n. Porque fiel es Dios para guardarlo
siempre de todos los ataques, a=FAn m=E1s crueles de sus enemigos, por el
poder sobrenatural del nombre sagrado de su Hijo amado, el Se=F1or
Jesucristo, y en el fin de todas las cosas de su vida por la tierra,
entonces darle su "corona de vida eterna".
Porque, cuando haya sido probado, como el oro delante de su Dios y de
su =C1rbol de vida, durante su vida por la tierra, entonces "recibir=E1
la corona de vida" que Dios ha prometido s=F3lo a los que le aman, en
el nombre sagrado de su Jesucristo, el Eterno, =A1el Santo, el =FAnico
salvador de Israel y de las naciones! Y =E9sta corona de vida eterna no
se la podr=E1 quitar jam=E1s nadie, ni ning=FAn poder sobrenatural de la
tierra, ni del m=E1s all=E1, tampoco, para siempre. Porque =E9sta corona
es para vida eterna de =E9l o de ella, en su nueva vida infinita del
reino de los cielos, por amor al nombre santo del Se=F1or Jesucristo en
su coraz=F3n, quien la adquiri=F3 y la pago con "el precio santo de su
misma sangre eterna".
Por cierto, no hay prueba m=E1s sublime para nuestro Dios, que el
hombre, la mujer, el ni=F1o y la ni=F1a, de la humanidad entera, que le
sea siempre fiel al nombre santo del Se=F1or Jesucristo, en su coraz=F3n:
todos los d=EDas de su vida en la tierra y aun en el m=E1s all=E1,
tambi=E9n, en su nueva vida celestial. Pues para Dios el coraz=F3n del
hombre fiel a su nombre santo, ha de ser como el coraz=F3n sagrado de su
Jesucristo, por ejemplo, que siempre le ha sido fiel, no s=F3lo a su
nombre bendito, sino que tambi=E9n (fiel) a su Ley Eternal, en el cielo
y en la tierra, para siempre.
Y esto ha sido verdad en Jesucristo, desde el d=EDa que naci=F3 en Israel
y hasta el d=EDa que fue condenado a morir, en las afueras de
Jerusal=E9n, para cumplir y exaltar la Ley, todos los d=EDas de su nueva
vida con los hombres, como lo ha hecho siempre, en el reino de los
cielos con los =E1ngeles, por ejemplo. Porque la Ley de Dios tenia que
ser exaltada y honrada en el coraz=F3n del hombre pecador y de la mujer
pecadora, tambi=E9n, solamente por medio de la fe viviente, del nombre y
de la sangre sagrada del =C1rbol de la vida eterna, el Se=F1or
Jesucristo.
Por cuanto, Dios no quiso jam=E1s que el pecador y que la pecadora de
toda la tierra: cumpliera su Ley santa en su coraz=F3n, sin la
bendici=F3n o sin la vida gloriosa y sumamente honrada de su Hijo amado,
el Se=F1or Jesucristo. Porque muchos siempre han cre=EDdo, a trav=E9s de
los tiempos y aun hasta nuestros d=EDas, tambi=E9n, de que ten=EDan que
cumplir y exaltar cada palabra, cada letra, cada tilde y con su
significado eterno de la Ley de Dios, en sus corazones y en sus almas
eternas, y sin la ayuda de Dios ni de nadie. Esto era algo que s=F3lo
ellos ten=EDan que hacer y cumplir en sus vidas, a como de lugar y sin
el Mes=EDas si fuese posible hacerlo as=ED, en sus corazones eternos.
Pero esto jam=E1s fue as=ED, con ning=FAn hombre ni con ninguna mujer, en
toda la tierra de la antig=FCedad y de nuestros d=EDas tambi=E9n; es
decir, que Dios jam=E1s le pidi=F3 al hombre que hiciese algo as=ED tan
imposible en su vida imperfecta y pecaminosa con su Ley Sagrada. As=ED
como Dios jam=E1s le pidi=F3 al hombre que se dejase clavar a un =E1rbol,
de sus manos y de sus pies, como lo tuvo que hacer el Se=F1or
Jesucristo, para dejar correr su sangre sobre la roca eterna y ponerle
fin al pecado para redimir a la humanidad entera de su muerte, en el
m=E1s all=E1, en el infierno.
Porque la verdad es que Dios le entrego su Ley Santa, por las manos de
Mois=E9s, para que sea cumplida en su coraz=F3n y en toda su vida,
solamente por medio de la vida gloriosa y la sangre sumamente sagrada
de su =FAnico altar eterno, en la tierra y en el reino de los cielos,
=A1el Se=F1or Jesucristo! Y de otra manera, Dios no iba a aceptar ninguna
exaltaci=F3n, ni ninguna honra de su Ley Santa, en el coraz=F3n del
pecador o de la pecadora de toda la tierra, sin la fe eterna, del
nombre de su Hijo amado, en su sangre y en toda su vida.
Es por eso, que Dios les dio la Ley Eterna a todos los hombres de la
tierra, comenzando con Israel, por ejemplo, porque sabia muy bien en su
coraz=F3n santo, de que no podr=EDan cumplirla jam=E1s, salvo por medio
del Se=F1or Jesucristo. Es decir, si Jesucristo descend=EDa a Israel y la
cumpl=EDa y honraba en su vida santa por amor a cada uno de ellos, en
sus millares, en toda la tierra, comenzando con Ad=E1n y hasta su ultimo
descendiente que nazca en la tierra, tambi=E9n, por ejemplo.
Dado que, solamente por medio del Se=F1or Jesucristo su Ley Bendita
puede ser cumplida y verdaderamente honrada, en el coraz=F3n y en la
vida de cada hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a, de la humanidad entera, en
la tierra y en el reino de los cielos, tambi=E9n, hoy en d=EDa y por
siempre, y en la eternidad venidera. Por lo tanto, hoy en d=EDa, si oyes
del nombre del Se=F1or Jesucristo, ha de ser porque Dios te est=E1
llamando, para que te acerques a =C9l y a su vida eterna, la cual te la
ha entregado a ti, para que la comiences a vivir, desde hoy mismo en la
tierra, antes que entres en la eternidad.
Y si recibes a su Jesucristo y a su amor santo en tu coraz=F3n, entonces
Dios te ha de dar de su "corona de vida eterna", la cual se la ha
prometido a todo aquel que le ame a =C9l, s=F3lo por medio de la vida y
del nombre sagrado de su Hijo amado, el Se=F1or Jesucristo. Puesto que,
s=F3lo el Se=F1or Jesucristo es verdaderamente "el Santo de Israel y de
la humanidad entera", para perd=F3n, para bendici=F3n, para sanidad y
para salvaci=F3n y felicidad eterna, en la tierra y en el para=EDso,
tambi=E9n, hoy en d=EDa y por siempre, en la eternidad venidera del nuevo
reino de los cielos, en el m=E1s all=E1.
Adem=E1s, =E9sta corona de vida de nuestro Dios, es una corona, no s=F3lo
de vida y de salud eterna, sino que tambi=E9n es para reinar con =C9l, en
sus tierras santas de su nuevo reino glorioso, de su Esp=EDritu Santo y
de su =C1rbol de vida, rodeado por siempre por los millares de =E1ngeles
y de la humanidad entera, tambi=E9n. Y entre todas estas razas,
familias, linajes de pueblos y de reinos, has de estar t=FA, tambi=E9n,
con todos los tuyos, mi estimado hermano y mi estimada hermana, para
seguir viviendo la vida eterna de nuestro Se=F1or Jesucristo para miles
de siglos venideros, en el m=E1s all=E1.
Es por eso, que es muy bueno que comiences a amar a tu Dios y Creador
de tu vida, solamente por medio de la invocaci=F3n, del nombre de su
Jesucristo, desde lo profundo de tu coraz=F3n y de tu esp=EDritu humano,
para gloria y para honra eterna de su nombre bendito, en la tierra y en
el cielo, tambi=E9n, para siempre. Porque s=F3lo en la invocaci=F3n del
nombre del Se=F1or Jesucristo con tus labios y desde lo profundo de tu
coraz=F3n, entonces Dios se ha de comenzar a mover para bien de tu alma
y para bendici=F3n eterna de cada uno de tus d=EDas por la tierra y de tu
nueva vida infinita, en el reino de los cielos, tambi=E9n.
Por esta raz=F3n, siempre hagan morir los malos deseos de sus cuerpos,
como por ejemplo: adulterio, vicio, malas pasiones, malos deseos y la
taca=F1er=EDa, que es sobre todo mal infidelidad, paganismo mortal ante
nuestro Dios y su Ley Eterna. Y por causa de estas cosas y sus muchos
malos frutos, del esp=EDritu humano y pecador del hombre, entonces viene
la ira de Dios sobre los que practiquen tales cosas en sus vidas, en
todos los lugares de la tierra, sin dejar que ning=FAn de ellos se
escape del justo juicio de Dios y de su Jesucristo, en los d=EDas
venideros.
En la medida en que, no es posible que ning=FAn pecador o pecadora se
burle de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo, y quede sin
recibir su justo castigo por su culpa, por su maldad, en esta vida y en
la venidera, tambi=E9n, como en el fuego eterno del infierno, en el m=E1s
all=E1. Porque la verdad es que jam=E1s nadie se ha burlado de Dios, ni
de su Jesucristo, tampoco, ni menos de su amor o de su Esp=EDritu Santo,
desde los primeros d=EDas de la antig=FCedad, en el reino de los cielos y
en la tierra, tambi=E9n, hasta nuestros d=EDas, por ejemplo.
Y el =E1ngel que lo intento, entonces lo tuvo que pagar con su propia
vida, como Lucifer y sus millares de =E1ngeles seguidores de todos los
rangos de poder y de gloria del antiguo reino de los cielos, que hoy en
d=EDa, son cada uno de ellos =E1ngeles ca=EDdos ante Dios y ante su =C1rbol
de vida, el Se=F1or Jesucristo. Y lo mismo le sucedi=F3 al hombre, como
por ejemplo con Ad=E1n y Eva, pues ellos viv=EDan muy felices en el
para=EDso, gozando d=EDa a d=EDa de toda la gloria de la vida santa, del
reino de los cielos y de sus =E1ngeles gloriosos, tambi=E9n.
En Ad=E1n y Eva no hab=EDa pecado alguno, s=F3lo felicidad eterna en sus
corazones y en sus almas flamantes y celestiales. Todo era fabuloso y
sin maldad alguna en sus corazones, en donde Dios hab=EDa puesto su
mismo amor infinito, para jam=E1s abandonarlos por ninguna raz=F3n, en
todos los d=EDas de su vida, en el cielo o en cualquier otro lugar de su
creaci=F3n de toda su inmensidad, en el m=E1s all=E1.
Pues entonces Ad=E1n y Eva s=F3lo conoc=EDan la felicidad profunda de sus
corazones ante Dios y ante la gloria infinita de su =C1rbol de vida
eterna, en el epicentro del para=EDso, para miles de siglos venideros,
en la eternidad venidera. Realmente ambos eran felices con su Dios,
hasta que se encontr=F3 maldad en sus corazones, porque la palabra de
mentira de parte de Lucifer hab=EDa llegado a ellos por enga=F1o, de los
labios de la serpiente antigua, del Jard=EDn del Ed=E9n y amiga personal
de Eva.
Y desde aquellos d=EDas en adelante, ninguno de ellos, ya sea Lucifer
con sus =E1ngeles ca=EDdos, o Ad=E1n con sus descendientes como Eva, por
ejemplo, no pudieron seguir enga=F1ando a Dios y a su =C1rbol de vida, ni
por un s=F3lo minuto m=E1s, porque tuvieron que partir de la presencia de
Dios, para abandonar el cielo y descender hacia abajo. Lucifer tuvo que
entrar en el mundo de los muertos, el Abad=F3n, el infierno. Y Ad=E1n con
Eva y cada uno de sus descendientes, incluyendo el =C1rbol de vida, tuvo
que descender a la tierra ha vivir sus vidas particulares ante su Dios,
hasta cumplir y honrar la Ley Viviente de Dios y de Mois=E9s en sus
corazones eternos, para gloria y para honra de nuestro Padre Celestial
que est=E1 en los cielos.
De hecho, esto fue algo que ni aun Ad=E1n pudo cumplir, hasta que el
Se=F1or Jesucristo lo logra en su vida santa y eternamente honrada en la
tierra de Israel, para glorificar y para exaltar la Ley Paradisiaca,
como jam=E1s antes hab=EDa sido exaltada en toda la vida ni aun en su
gloria antigua e infinita del reino de los cielos, por ejemplo. Y desde
aquel d=EDa, en adelante, desde que el Se=F1or Jesucristo por fin logra
exaltar la Ley Divina que estaba ca=EDda en el coraz=F3n de Ad=E1n y de
cada uno de sus descendientes, en sus millares, en toda la tierra,
entonces el coraz=F3n del hombre llega a conocer: lo que es bueno
"adorar y servirle al SE=D1OR" de todo coraz=F3n.
Y desde aquel d=EDa, en adelante, el coraz=F3n del hombre, con en el
nombre del Se=F1or Jesucristo viviendo en su esp=EDritu humano, ha
conocido s=F3lo bendici=F3n tras bendici=F3n, siempre lleno del amor y de
los poderes sobrenaturales de su nombre, para bendecir su vida y la
vida de los suyos, tambi=E9n, en la tierra y en el m=E1s all=E1, por
siempre. Y esto es verdad, hoy en d=EDa y por siempre, con cada hombre,
mujer, ni=F1o y ni=F1a, que se ha convertido sobrenaturalmente, a trav=E9s
del esp=EDritu de fe, de invocar su nombre santo, en un hijo o en una
hija de Dios, como en el para=EDso o en La Nueva Jerusal=E9n Santa y
Eterna del nuevo reino de los cielos.
Entonces nadie jam=E1s se ha burlado de nuestro Dios y de su =C1rbol de
vida eterna, el Se=F1or Jesucristo. Y el que pens=F3 que lo ha hecho,
luego en su d=EDa no muy lejano se ha encontrado con la realidad en su
coraz=F3n, que jam=E1s fue as=ED. Porque es imposible burlarse de Dios con
los deseos de su carne, en el pecado del fruto prohibido, del =E1rbol de
la ciencia del bien y del mal, que ha llegado a su vida, por medio de
la sangre de Ad=E1n y de Eva, en su vida, no para bendecirla, sino para
destruirla d=EDa y noche y hasta el fin.
Es por eso, que Dios nos ha llamado a que hagamos morir los deseos de
la carne, que el fruto prohibido del =E1rbol de la ciencia del bien y
del mal empez=F3 en nosotros, en nuestros corazones y en nuestros
esp=EDritus humanos, por la sangre corrupta de Ad=E1n. Y que, a la vez,
hagamos revivir por la fe los frutos del fruto de vida eterna, de su
=C1rbol de vida, el Se=F1or Jesucristo, para agradar a toda verdad y a
toda justicia infinita, de nuestro Padre Celestial, en la tierra y en
el cielo, hoy en d=EDa y por siempre, en la eternidad venidera, por
ejemplo. Porque s=F3lo Jesucristo es "la paz y la felicidad" de
nuestros corazones eternos, en el cielo y en la tierra, para siempre.
A causa de, que nuestro Dios s=F3lo ha de ser feliz con cada uno de
nosotros, en nuestros millares, en toda la tierra, y en el para=EDso,
tambi=E9n, si tan s=F3lo creemos en nuestros corazones y confesamos
siempre a Jesucristo, con nuestros labios ante su presencia santa y la
presencia gloriosa de su Esp=EDritu Santo y de sus =E1ngeles del reino de
los cielos. Porque mayor amor del coraz=F3n del hombre, de la mujer, del
ni=F1o y de la ni=F1a, de toda la tierra, que no sea la invocaci=F3n del
nombre del Se=F1or Jesucristo, no hay para Dios, ni para su Esp=EDritu
Santo, en la tierra, ni menos en el para=EDso ni en su nueva vida
celestial, de su nuevo reino de los cielos.
Es por eso, que el Se=F1or Jesucristo es tan importante para el hombre
en la tierra o en el para=EDso, como siempre lo ha sido para el =E1ngel
del reino de los cielos, por ejemplo. Porque una vida sin Jesucristo no
es vida, sino s=F3lo enfermedad y muerte entre las profundas tinieblas
del m=E1s all=E1. Y si hoy oyes del Se=F1or Jesucristo, entonces rec=EDbelo
en tu coraz=F3n, y no lo abandones nunca. Porque el Se=F1or Jesucristo
jam=E1s te ha de abandonar por ninguna raz=F3n, ni por el pecado m=E1s
terrible de tu vida, sino que ha de permanecer fiel a ti y a los tuyos,
por siempre, como cualquier =E1rbol es fiel y nunca se mueve de su
lugar, ni aun en su muerte.
Por esta raz=F3n, siempre amen a su Dios y Creador de sus almas eternas,
mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas, en el poder
sobrenatural de la invocaci=F3n del nombre del Se=F1or Jesucristo, porque
es el fruto de vida eterna, del =C1rbol de vida de Dios. Porque
verdaderamente Jesucristo es el fruto de vida y de salud que Dios le
entrego a Ad=E1n y a sus descendientes en el para=EDso, para que sus
corazones s=F3lo conozcan la paz, la felicidad y la vida con sus muchas
bendiciones y maravillas de su amor eterno para con cada uno de ellos,
en toda su creaci=F3n, para la eternidad. Para que entonces ellos le
puedan amar y servirle a =C9l, como su =FAnico Dios Eterno, y a su
salvador celestial, el Se=F1or Jesucristo, s=F3lo por los deseos
infinitos y agradables a su coraz=F3n santo, del esp=EDritu de la vida y
de la carne sagrada de su "Cordero Escogido", Jesucristo, en la
tierra y en el cielo, para siempre.
Libro 134
DESEOS DE LA CARNE
Mediante poderes sobrenaturales nosotros hemos sido formados, en las
manos santas de nuestro Dios y Padre Celestial que est=E1 en los cielos.
Y de estos no han sido poderes del =E1rbol de la ciencia del bien y del
mal, en nada, sino solamente del =C1rbol de vida eterna, su Hijo amado,
el Se=F1or Jesucristo.
Es decir, tambi=E9n, que as=ED como hemos salido del coraz=F3n de Dios,
pues tambi=E9n, hemos salido del coraz=F3n y de la vida perfecta y
sumamente gloriosa, de nuestro gran rey Mes=EDas, el Se=F1or Jesucristo.
Porque la verdad es que tambi=E9n somos hechura de sus manos santas,
como lo somos de la mano de nuestro Padre Celestial y de su Esp=EDritu
Santo.
Es por eso, que por medio de nuestro Se=F1or Jesucristo, nos han sido
dados grandes poderes sobrenaturales, de la gracia salvadora de su
esp=EDritu de vida y de su carne sumamente santa y eternamente justa,
para bendecir a Ad=E1n y a cada uno de sus descendientes por doquier, en
todos los rincones de la tierra, de hoy y de siempre.
Y estos son poderes sobrenaturales, por cierto, que est=E1n en vigencia,
cada uno de ellos, en nuestros corazones y en nuestros labios,
tambi=E9n, si tan s=F3lo creemos en el Se=F1or Jesucristo y confesamos su
nombre santo, con nuestros labios, en nuestras vidas por toda la
tierra, por ejemplo, para recibir del cielo, por siempre.
Con el fin de que sus numerosos poderes sobrenaturales, de su gracia
redentora comiencen a obrar d=EDa y noche en nuestras vidas, para
edificaci=F3n eterna de nuestras almas vivientes, en la tierra y en el
para=EDso, tambi=E9n, y por siempre, en el m=E1s all=E1, en la nueva vida
infinita de nuestro gran rey salvador, =A1el Se=F1or Jesucristo!
Es por eso, que cada uno de nosotros es participe legitimo, de la
naturaleza divina de nuestro Padre Celestial y de su =C1rbol de vida,
por designio de Dios y por los poderes sobrenaturales que =C9l mismo
uso, en el d=EDa que nos comenz=F3 a crear del fango de la tierra, para
que nosotros seamos una copia exacta como =C9l.
Es decir, para que llevemos cada uno de nosotros de su imagen y
conforme a su semejanza santa, en el para=EDso y por toda la tierra,
tambi=E9n, hasta que entremos por fin a nuestra ultima fase de nuestra
creaci=F3n, la vida eterna de nuestro Se=F1or Jesucristo, en su nueva
ciudad celestial del m=E1s all=E1: La Nueva Jerusal=E9n Santa y Eterna.
Por lo tanto, cada uno de nosotros tiene ya poderes sobrenaturales, de
la naturaleza divina de nuestro Padre Celestial y de su =C1rbol de vida,
en nuestros corazones y en nuestros esp=EDritus humanos, para escapar
cada uno de los deseos mal=E9volos, del coraz=F3n de la carne de nuestros
cuerpos, manchados por el pecado de Ad=E1n y de Lucifer, por ejemplo.
Y cada uno de estos poderes sobrenaturales de nuestros cuerpos,
espirituales y corporales, comienzan a actuar para bien de nosotros y
en contra, de cada uno de los ataques del enemigo, de todos los deseos
del esp=EDritu de error, en nuestras carnes de parte de Lucifer, si tan
s=F3lo creemos en nuestros corazones y confesamos con nuestros labios a
"Jesucristo".
Puesto que, =ABs=F3lo en el nombre del Se=F1or Jesucristo es donde nuestro
Padre Celestial ha depositado toda nuestra gracia salvadora, de
nuestros corazones y de nuestras almas vivientes=BB, para que nuestros
cuerpos sean protegidos e edificados tambi=E9n, a la misma vez, en =C9l,
en el para=EDso, en la tierra y por siempre, en la nueva eternidad
venidera del m=E1s all=E1.
Es por eso, que Dios jam=E1s nos dio "otro nombre", por el cual
podamos ser sanados de todos nuestros males eternos y aun de nuestra
muerte eterna, en la tierra y en el fuego del infierno. Porque "todos
los poderes sobrenaturales" de milagros, maravillas y de prodigios en
los cielos y en la tierra, para sanar e edificar nuestros corazones y
nuestras almas vivientes, s=F3lo se encuentran para cada uno de
nosotros, en la invocaci=F3n y en la fe sobrenatural del nombre bendito,
del Se=F1or Jesucristo.
Ya que, si hubiese existido otro nombre, por el cual la misericordia y
la gracia infinita de su vida santa, en el reino de los cielos, se
manifestase en cada uno de nosotros, entonces ya hubiese nuestro Padre
Celestial miles de a=F1os atr=E1s, anunciando por boca de sus profetas y
por sus escrituras, tambi=E9n, de que es as=ED.
Pero la verdad antigua no es as=ED; pues, no hay poderes sobrenaturales
de misericordias y de gracia infinita, sino s=F3lo en creer y en
confesar el nombre salvador de nuestro Se=F1or Jesucristo, con nuestros
labios. Porque s=F3lo en =E9sta confesi=F3n de fe, de nuestros corazones y
de nuestros labios son donde est=E1n todas nuestras bendiciones y
salvaci=F3n eterna, de nuestras almas vivientes, en la tierra y en el
para=EDso, por siempre.
Para que entonces nuestras vidas sean siempre protegidas de todos los
poderes sobrenaturales del mal, del fruto prohibido del =E1rbol de la
ciencia, del bien y del mal, por ejemplo, en nuestras vidas, en el
para=EDso y por toda la creaci=F3n, tambi=E9n, hoy en d=EDa y por siempre,
en la eternidad venidera, del nuevo reino de los cielos.
En vista de que, Lucifer ha puesto los deseos carnales del fruto
prohibido para destruir su vida y la vida de cada uno de sus
descendientes, incluyendo al Se=F1or Jesucristo, tambi=E9n, si tan s=F3lo
le fuese posible hacerlo as=ED. Pero Lucifer no pudo jam=E1s vencer a
Cristo, como venci=F3 a Ad=E1n y a Eva, por ejemplo, en el para=EDso y en
toda la tierra con cada uno de sus descendientes.
Es por eso, que Dios nos ha dado de la vida misma de su Hijo amado, su
=C1rbol de vida y de salud eterna, si tan s=F3lo creemos en nuestros
corazones y confesamos con nuestros labios su nombre libertador. Y es
de esta confesi=F3n sobrenatural, de nuestros labios, la que Dios
siempre ha estado esperando pacientemente, a trav=E9s de los siglos y
hasta nuestros tiempos, por ejemplo, para darnos vida y aun confiarnos
mayores poderes sobrenaturales, tambi=E9n, de su nombre y de su Hijo
Santo, el Se=F1or Jesucristo.
Es decir, que estos son de los poderes sobrenaturales de misericordia y
de gracia infinita, que s=F3lo est=E1n en Jesucristo, para contrarrestar,
espiritualmente hablando, cada uno de los deseos de las tinieblas de
perdici=F3n eterna, de nuestros cuerpos corporales e espirituales,
tambi=E9n, en cada momento de nuestras vidas, delante de =C9l y de su
Esp=EDritu, en toda su creaci=F3n.
Dado que, s=F3lo en el nombre de Jesucristo podemos vencer a cada uno de
los deseos malvados de nuestros corazones y de nuestras carnes
corruptas, por el esp=EDritu de gran maldad y de mentira del =E1rbol de
la ciencia, del bien y del mal, en cada uno de nosotros, en el para=EDso
y en toda la tierra, tambi=E9n, hoy y siempre.
Y sin Cristo Jes=FAs en el coraz=F3n del hombre, entonces el coraz=F3n del
hombre y su carne corrupta son descontrolados, siempre guiados d=EDa y
noche a hacer el mal, delante de Dios y de su Esp=EDritu Santo, en la
tierra y en el cielo, tambi=E9n, para siempre. Es por eso, que cuando
Dios vio en los d=EDas de No=E9, por ejemplo, =ABque el coraz=F3n del
hombre era de continuo de mal en peor, hacia su pr=F3jimo=BB, entonces se
asusto en su coraz=F3n santo, y le doli=F3 mucho haberlo creado con sus
manos santas.
En la medida en que, Dios jam=E1s pens=F3 crear al hombre para que
"viva" en el esp=EDritu corrupto de su carne, haciendo siempre el
mal hacia su hermano y hacia su hermana d=EDa y noche y para siempre.
No, de ninguna manera, sino por lo contrario, Dios ha creado al hombre
para que le sirvan a =C9l, como los =E1ngeles le han servido por siempre,
por medio del nombre santo de su =C1rbol de vida eterna, el Se=F1or
Jesucristo, en toda su creaci=F3n.
Porque la verdad es que Dios hab=EDa creado al hombre para que su
coraz=F3n y la carne de su cuerpo caminasen siempre, en los frutos del
esp=EDritu de vida, de su fruto de vida, de su =FAnico =C1rbol viviente,
su Hijo amado, Jesucristo, en el para=EDso y en todo su reino celestial,
y jam=E1s lo que vemos en la tierra.
Por eso, Dios se dol=EDa en su coraz=F3n d=EDa y noche de tan s=F3lo ver,
como en el coraz=F3n del hombre y "los deseos de su carne salvaje",
iban cada vez, de mal en peor, sin retroceder ni por un s=F3lo instante,
para pensar del mal que se estaban haciendo ellos y a los dem=E1s
tambi=E9n, en toda la tierra.
Dios no ve=EDa, en el dolor de su coraz=F3n santo, ninguna salvaci=F3n
para el hombre, sino s=F3lo la misma vida y la misma carne de su =C1rbol
de vida eterna, el Se=F1or Jesucristo. Por ello, Jesucristo ten=EDa que
descender del cielo a la tierra, para entregarse a s=ED mismo, a la vida
del hombre, para redimirlo de su mal eterno, de su coraz=F3n corrupto y
de sus deseos infernales, de su carne perdida.
Adem=E1s, la =FAnica manera que el Se=F1or Jesucristo pod=EDa redimir al
hombre era tan s=F3lo, en su esp=EDritu, en su vida, en su sangre y en su
amor infinito hacia toda la verdad y toda la justicia infinita de
nuestro Padre Celestial, que est=E1 siempre sentado en su trono santo,
de gran gloria y de gran honra, para siempre.
Y de la manera que el hombre manifestaba los deseos perdidos del fruto
prohibido del =E1rbol de la ciencia, del bien y del mal, en su coraz=F3n
y en su carne humana, entonces Dios no pod=EDa enviar a su Hijo Santo a
la tierra, para redimirlo de su mal eterno, s=F3lo si hubiese un cambio
dr=E1stico en su vida espiritual.
Y esto era algo que no iba a venir por voluntad propia del coraz=F3n del
hombre; Dios espero muchos a=F1os por este cambio en la vida del hombre,
pero jam=E1s llego. Entonces Dios decidi=F3 destruir a toda la carne de
la vida de la tierra, con "un gran diluvio", del agua que saldr=EDa
de la tierra y de los cielos, tambi=E9n.
Para entonces sumergir a toda la tierra en "un s=F3lo juicio total"
y as=ED ponerle fin a los malos pensamientos de los corazones y los
deseos desordenados de sus carnes corruptas, de todos los hombres
malvados e irreverentes al nombre sagrado, de su =C1rbol de vida eterna,
su Hijo amado, =A1el Se=F1or Jesucristo!
Y s=F3lo entonces Dios pudo luego enviar a su Hijo, como el salvador de
una gran naci=F3n y de la humanidad entera, en la tierra, para entonces
poder =E9l comenzar una nueva vida, libre de las pasiones desordenadas
de la carne del pecador, y s=F3lo llena de las pasiones de vida y de
verdad eterna, de su Gran Jesucristo.
Por esta raz=F3n, no dejen que reine el pecado del esp=EDritu del fruto
prohibido, del =E1rbol de la ciencia del bien y del mal, en sus vidas,
mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas, para que no obedezcan
jam=E1s a sus deseos desordenados. No hagan como Lucifer hizo. O como
Ad=E1n y Eva hicieron, por ejemplo, ante el =C1rbol de vida eterna,
delante de Dios y de su Esp=EDritu Santo, en el para=EDso, para mal
eterno de muchos.
Deseos desordenados del coraz=F3n y de la carne de todo hombre pecador y
de toda mujer pecadora, que conllevan d=EDa y noche a la maldici=F3n y a
la muerte eterna de nuestras almas, en la tierra y en el fuego eterno
del infierno, tambi=E9n, para finalmente descender a su segunda muerte,
el lago de fuego, en el m=E1s all=E1.
Por eso, les pido siempre que se mantengan lejos de los deseos perdidos
de sus corazones y de sus carnes corruptas, sin que toque en corazones
"la bendici=F3n infinita", de haber invocado el nombre del Se=F1or
Jesucristo en sus vidas, para que no pequen m=E1s. =A1Ya basta de pecar!
Porque los deseos desordenados del coraz=F3n y de la carne corrupta
s=F3lo traen maldici=F3n y perdici=F3n eterna, en la muerte de la tierra y
del m=E1s all=E1, tambi=E9n, como en el infierno o el lago de fuego, por
ejemplo.
Y que s=F3lo obedezcan a los deseos de sus corazones y de la carne de
sus cuerpos, al fruto de vida del =C1rbol Viviente, el Se=F1or
Jesucristo, que ha de estar en cada uno de ustedes, desde el momento
que creen en =C9l e invocan su nombre, para bendici=F3n y para
salvaci=F3n, de sus vidas y de sus almas, tambi=E9n. Porque s=F3lo =E9sta
fe, salvadora del cielo, es la salvaci=F3n de sus almas perdidas en el
pecado, en la tierra y en el m=E1s all=E1, tambi=E9n.
Porque los deseos del coraz=F3n y de la carne, sin el toque y la
bendici=F3n sobrenatural del nombre del Se=F1or Jesucristo, son contra el
Esp=EDritu de vida de Dios y de su Jesucristo, que combaten d=EDa y noche
para destruir eternamente: al hombre y a la mujer de toda la tierra. Y
esta es nuestra verdadera lucha d=EDa y noche hasta el final, con
nuestro propio coraz=F3n y con nuestra propia carne, en sus deseos
desordenados y corruptos ante Dios y su Jesucristo.
Pero los deseos del coraz=F3n y de la carne del hombre, que ha recibido
el nombre del Se=F1or Jesucristo, son d=EDa a d=EDa y por siempre, en la
tierra y en el infinito, para edificaci=F3n y crecimiento del esp=EDritu
humano y de su alma viviente hacia Dios y hacia su nueva vida infinita,
en el nuevo reino de los cielos.
DIOS CREA LA CARNE DEL HOMBRE, PARA QUE SEA COMO LA DE CRISTO
En el principio, en el para=EDso, el hombre no ten=EDa deseos carnales,
de su coraz=F3n y de todo su cuerpo, como lo ha tenido siempre en la
tierra, hasta nuestros d=EDas, por ejemplo, sino que era totalmente
libre de todo esto, en todo su esp=EDritu humano. El hombre era
totalmente libre de todos los males del pecado, pues "no hab=EDa
comido aun" del fruto prohibido del =E1rbol de la ciencia, del bien y
de mal.
Pero, sin embargo, Dios deseaba despertar en el hombre: unos deseos muy
especiales de su esp=EDritu humano y de su alma viviente, tambi=E9n.
Porque Dios deseaba que el hombre "le amase a =C9l", en el esp=EDritu
y en la verdad del coraz=F3n y del cuerpo viviente, de su =C1rbol de vida
eterna. Y todo esto no era posible en el hombre, por la obra santa de
sus manos gloriosas en =E9l.
Por lo tanto, esto era solo posible en el hombre, si tan s=F3lo comiese
de su fruto de vida, de su =C1rbol viviente, en el epicentro del
para=EDso, para despertar en su coraz=F3n y en todo su cuerpo humano,
"deseos sobrenaturales y divinos de su amor eterno", puro, santo,
perfecto y =FAnico para con =C9l y para con su Esp=EDritu Santo.
En verdad, para Dios despertar =E9ste gran amor puro, santo y sumamente
glorioso hacia =C9l, el Dios del para=EDso y de toda la tierra, entonces
Ad=E1n tenia que comer del fruto de vida de su Hijo amado, "por su
propia voluntad y del deseo propio de su coraz=F3n", libre y limpio de
todo mal, hasta aquel d=EDa, en el para=EDso.
Es decir, que Dios no pod=EDa obligar ni menos forzar a Ad=E1n ha comer
de su fruto de vida eterna, de ninguna manera, ni de ninguna forma,
tambi=E9n. En realidad, s=F3lo la mano de Ad=E1n tenia que alzarse hacia
el fruto de vida eterna y tomarla, para llevarla a su boca y
consumirla, algo que Dios no deb=EDa hacer por Ad=E1n, sino que Ad=E1n
tenia que hacerlo por decisi=F3n propia de su coraz=F3n y de su vida
celestial y eterna, tambi=E9n.
Esto era algo que nadie, ni Dios mismo, ni ning=FAn =E1ngel del cielo,
pod=EDa hacer por Ad=E1n ni por Eva, ni por ninguno de sus descendientes
en el futuro, salvo el mismo hombre y por su propia voluntad humana, de
su coraz=F3n y de su alma viviente, tambi=E9n, "para despertar deseos
del esp=EDritu de vida".
Deseos de la vida eterna, como el deseo de la verdad, de la justicia y
del amor infinito, entre muchos m=E1s, para con su Dios y para con su
salvador eterno, el Se=F1or Jesucristo, por ejemplo. Y Lucifer sab=EDa
muy bien que era lo que estaba pasando en el para=EDso con Dios y con el
hombre.
En verdad, Lucifer sab=EDa que si Ad=E1n com=EDa del fruto de vida eterna,
entonces deseos buenos y nobles hacia el Dios del cielo y de la tierra
iban a despertar, en el coraz=F3n y en el cuerpo y esp=EDritu humano de
Ad=E1n. Y esto era algo que Lucifer deseaba parar, antes de que empezase
en la vida de Ad=E1n y de cada uno de sus descendientes, como Eva, por
ejemplo.
Porque Eva, su mujer, fue la primer descendiente del hombre, Ad=E1n. Y
como Lucifer no pod=EDa acerc=E1rsele a Ad=E1n, por mandato directo de
Dios hacia =E9l, entonces tenia que acerc=E1rsele de una manera
totalmente indirecta, sin que Ad=E1n lo viese, ni se diese cuenta de
nada. Absolutamente todo, tenia que ser hecho en secreto, por Lucifer,
para no despertar sospecha alguna en Ad=E1n, ni en los =E1ngeles del
cielo, ni menos en el Dios del cielo.
Porque Ad=E1n estaba instruido por Dios mismo, no dejar jam=E1s que
Lucifer se acerque a =E9l, por ninguna raz=F3n, ya que en las palabras de
Lucifer hab=EDa "s=F3lo mentira y enga=F1o eterno" de su coraz=F3n
perdido y lleno de las profundas tinieblas del m=E1s all=E1, por ejemplo,
para perdici=F3n y destrucci=F3n de su vida y de sus seguidores,
tambi=E9n.
Entonces Lucifer sabiamente se acerca al para=EDso, no para hablar con
Ad=E1n ni con su esposa, sino con la amiga de Eva. Y esta amiga de Eva
era la serpiente antigua del Jard=EDn del Ed=E9n. Que, por cierto, era
muy sabia en todo lo que concern=EDa el Jard=EDn de Dios, en el cielo y,
por lo tanto, era bien conocida y amiga de Lucifer de mucho tiempo.
Entonces Lucifer se acerca a la serpiente con gran confianza, para
conversar con ella. Y en =E9sta conversaci=F3n que sostuvieron entre los
dos, entonces Lucifer le dio entender a la serpiente, de que Ad=E1n y
Eva pod=EDan abrir sus ojos y despertar como los ojos de Dios, para ver
y conocer lo bueno y lo malo, si tan s=F3lo comiencen del fruto del
=E1rbol de la ciencia, del bien y del mal.
Y esto le pareci=F3 algo muy bueno a la serpiente, para su amiga Eva. De
ver como su amiga tambi=E9n pod=EDa abrir sus ojos, para despertar y ver
como los ojos de Dios ven todo, en toda la creaci=F3n, lo bueno y lo
malo de todo ello. Esto era fant=E1stico para el coraz=F3n de la
serpiente, y desea ver ya, como los ojos de un ser viviente, como Eva y
como el hombre, por ejemplo, pod=EDan abrirse para ver y conocer: lo
bueno y lo malo, como Dios lo hace con sus ojos sobrenaturales, en el
cielo y en el resto de su creaci=F3n.
Lo que no le dijo Lucifer a la serpiente, era que si Eva y Ad=E1n
com=EDan del fruto prohibido, entonces sus ojos iban a despertar con un
coraz=F3n totalmente contrario al coraz=F3n de Dios y de su =C1rbol de
vida eterna, para solamente conocer todos los frutos del pecado y del
mal eterno del m=E1s all=E1.
Como, por ejemplo, el coraz=F3n del hombre comenzar=EDa a odiar, a
destruir, a robar, a mentir, a enga=F1ar, a matar y hasta menos preciar
con malos deseo de su coraz=F3n: todo lo que es bueno de Dios y de su
=C1rbol de vida eterna, el Se=F1or Jesucristo, en el cielo y en el
para=EDso, tambi=E9n, para siempre.
Entonces cuando la serpiente le dijo a Eva, que realmente si com=EDa del
fruto prohibido del =E1rbol de la ciencia, del bien y del mal, sus ojos
iban a ser abiertos para ver como Dios ve, y conocer todo lo bueno y
todo lo malo, en toda la creaci=F3n del cielo y de la tierra. Y Eva se
lo crey=F3 en su coraz=F3n, palabra por palabra, toda la palabra de
mentira y de muerte del coraz=F3n perdido de Lucifer, sin entender
jam=E1s lo que estaba sucediendo realmente en su vida y en la vida de
sus descendientes, para siempre.
Por lo tanto, Eva, sin pensarlo dos veces, alzo su mano para coger del
fruto prohibido y comer de =E9l. Y a la vez, le dio de comer a su
esposo, Ad=E1n. Para que sus ojos fuesen abiertos como los ojos de Dios
para conocer el bien y el mal de sus vidas, en toda la creaci=F3n.
Pero para sorpresa de todos, lo que le hab=EDa dicho la serpiente a los
dos, era verdad; y as=ED fue los ojos de Ad=E1n y de Eva se abrieron para
ver y conocer lo bueno y lo malo en todos sus contornos, en el cielo y
en la tierra, desde el instante que probaron de fruto prohibido en los
labios de sus bocas.
Ahora, lo que no sabia Ad=E1n ni Eva, tampoco, ni menos la serpiente
antigua, era, sorpresa tras sorpresa, que tambi=E9n iban a despertar los
dos, todos los deseos de la carne, totalmente contrarios a la vida
santa y perfecta del fruto de vida eterna, del =C1rbol de Dios, el
Se=F1or Jesucristo.
Pues esto se lo hab=EDa encubierto Lucifer a la serpiente, para que
Ad=E1n y Eva cayesen en el pecado y en la profunda oscuridad de su
perdici=F3n eterna, entre las profundas tinieblas del m=E1s all=E1, por
ejemplo, como en el infierno y el lago de fuego. Sitios de condenaci=F3n
y de tormento eterno, los cuales ya exist=EDan en aquellos d=EDas, por
culpa del pecado y de la rebeli=F3n de Lucifer y de sus =E1ngeles ca=EDdos
ante el nombre del Se=F1or Jesucristo, en el reino de los cielos.
Cuando Lucifer, ni ninguno de sus =E1ngeles ca=EDdos, en sus millares,
jam=E1s deseo en su coraz=F3n, despertar el amor por el fruto de vida de
Dios, sino s=F3lo por el fruto prohibido del =E1rbol de la ciencia, del
bien y del mal. Y cuando Ad=E1n y Eva cayeron en la trampa de Lucifer,
para comer del fruto prohibido, entonces los deseos de sus corazones y
de sus cuerpos despertaron, para ir de mal en peor, para jam=E1s
apagarse para siempre.
A no ser que ellos vuelvan a nacer, no de la carne del pecado del
=E1rbol de la ciencia del bien y del mal, sino mucho mejor que este mal
eterno. Y esto es de volver a nacer, de la carne y del esp=EDritu de
vida, del =C1rbol de Dios, el Se=F1or Jesucristo, en la tierra, para
seguir viviendo sus vidas normales y celestiales, en el reino de los
cielos, con Dios y con su Esp=EDritu Santo, rodeados de los =E1ngeles
gloriosos y fieles a Jesucristo por siempre.
LOS DESEOS DE LA CARNE PROVIENEN DEL FRUTO PROHIBIDO
Porque todo lo que hay en toda la tierra, como, por ejemplo: --los
deseos de la carne, los deseos de los ojos y la maldad de la vida
pecadora y rebelde-- no proviene del Esp=EDritu de Dios, sino del
esp=EDritu rebelde y de gran error de Lucifer, en todos los rincones del
mundo entero. Y como pasa el tiempo, entonces el mundo tambi=E9n est=E1
pasando, y sus deseos mundanales desaparecen con =E9l, los cuales son
contrarios al Esp=EDritu de Dios y a la vida sagrada de su Hijo amado,
el Se=F1or Jesucristo.
Pero, sin embargo, el que hace la voluntad de Dios permanece para
siempre, y su alma no sufrir=E1 la muerte jam=E1s, sino s=F3lo gozara por
siempre la paz y la vida infinita, de Dios y de su =C1rbol de vida y de
salud eterna, Jesucristo, en la tierra y en su nuevo lugar celestial,
en el reino de los cielos.
En vista de que, pronto llega el d=EDa, cuando la tierra ha de volver a
ser libre del poder del pecado, de Ad=E1n y de Lucifer y de todas sus
profundas oscuridades del m=E1s all=E1, por ejemplo. Porque en el d=EDa
que Dios crea a la tierra y con sus cielos, fue entonces creada sin el
poder del pecado y sus muchas profundas tinieblas del m=E1s all=E1, como
el mundo bajo de los =E1ngeles perdidos.
Es decir, como el mundo de la perdici=F3n eterna, en donde su
"epicentro es el esp=EDritu rebelde" y de gran error de Lucifer y
sus miles de huestes angelicales, que se rebelaron en contra de Dios y
de su fruto de vida eterna, el Se=F1or Jesucristo, en el reino de los
cielos, por ejemplo.
Y la =FAnica manera que toda la tierra ha de regresar a su lugar
antiguo, libre del pecado y de las profundas tinieblas del enemigo
numero uno de Dios, Lucifer, ha de ser cuando cada descendiente de
Ad=E1n haya cre=EDdo en su coraz=F3n y confesado con sus labios, el nombre
de su Hijo amado, el Se=F1or Jesucristo.
Dado que, s=F3lo el Se=F1or Jesucristo es "la luz del mundo", hoy en
d=EDa y por siempre, en el m=E1s all=E1. Es decir, como el Se=F1or
Jesucristo es "la luz del coraz=F3n de Ad=E1n" que se apago en el
para=EDso, pues as=ED tambi=E9n se apago en el coraz=F3n de cada hombre,
mujer, ni=F1o y ni=F1a de la humanidad entera; entonces cuando la luz
vuelva al hombre, en aquel d=EDa la tierra ha de volver a ser luz, como
antes, para siempre.
Es decir, tambi=E9n, de que las tinieblas del pecado de Lucifer han
existido siempre en la tierra, porque en el coraz=F3n de Ad=E1n no hab=EDa
luz, la luz de Dios y de su =C1rbol de vida eterna, cuando descendi=F3
del para=EDso, despu=E9s de haber comido del fruto prohibido, del =E1rbol
de la ciencia del bien y del mal, por ejemplo.
Por eso, cuando todo hombre, coma, como Ad=E1n comi=F3 de su fruto de
vida, en el d=EDa que Jesucristo fue clavado a su madero, su cuerpo, su
=E1rbol seco y sin vida, sobre la cima de la roca eterna, en las afueras
de Jerusal=E9n, en Israel, entonces ya hay luz en su coraz=F3n y en toda
una vida nueva, tambi=E9n.
Por lo tanto, cada uno de sus descendientes tiene que hacer lo mismo,
no de ser clavado a un madero, como en el cuerpo de Ad=E1n, sino de
recibir a Jesucristo en su coraz=F3n y en su vida, para que haya luz y
nueva vida, en su vida regenerada por la sangre de Cristo, por ejemplo,
en toda la tierra.
En tanto que, =E9sta es la =FAnica manera, como "la tierra ha de volver
a ser luz", para Dios y para sus diversas criaturas, como =E1ngeles,
hombres y dem=E1s seres creados por Dios, en el reino de los cielos.
Porque la creaci=F3n y su constituci=F3n como de cada =E1ngel del cielo o
como cada hombre y mujer del para=EDso o de la tierra, adem=E1s de otros
seres creados por Dios, fueron formadas en el coraz=F3n de Dios, en los
d=EDas de la antig=FCedad, en el reino de los cielos.
Con el fin de que sean una realidad total hoy en d=EDa, en el mismo
cielo y en toda la tierra, tambi=E9n, para bien de la humanidad entera,
y para gloria y para honra infinita de su nombre santo, en el coraz=F3n
de cada uno de sus criaturas eternas. Por lo tanto, los deseos de la
carne del hombre y del esp=EDritu rebelde de Lucifer, como de sus
=E1ngeles ca=EDdos, no son del Esp=EDritu de Dios, sino todo lo contrario.
Son deseos del esp=EDritu de error, de la palabra de mentira, de las
cuales "nacieron o salieron" del =E1rbol la ciencia del bien y del
mal, para atacar y por fin destruir, de una manera u otra, la vida
santa y eternamente perfecta del =C1rbol de Dios, el Se=F1or Jesucristo,
en el reino de los cielos, en el para=EDso y en la tierra, tambi=E9n.
Es por eso, que los deseos de la carne, del coraz=F3n rebelde de Ad=E1n
en el para=EDso, o del hombre y de la mujer de la tierra, son del fruto
prohibido, del =E1rbol de la ciencia del bien y del mal, para
destrucci=F3n de nuestras vidas, en toda la creaci=F3n, y hasta en el
lago de fuego, tambi=E9n, por ejemplo.
EL ENGA=D1O DE LAS RIQUEZAS DEL MUNDO VIL APAGA LA PALABRA VIVA
Es por eso, tambi=E9n, de que las preocupaciones de este mundo, el
enga=F1o de las riquezas y la codicia de otras cosas se entrometen y
ahogan la palabra viva de Dios, y queda sin fruto en el coraz=F3n del
hombre, de la mujer, del ni=F1o y de la ni=F1a, de toda la tierra. Y esto
es un problema bien grave en cada uno de nosotros, que s=F3lo Dios por
el poder de su Esp=EDritu y la vida gloriosa de su Hijo lo pueden
resolver, en todos nosotros, en toda la tierra, de nuestros d=EDas.
Adem=E1s, estos son de todos los que aun realmente no han conocido el
nombre bendito del Se=F1or Jesucristo, en sus corazones, ni lo han
confesado con sus labios, tampoco, para bendici=F3n e enriquecimiento de
sus esp=EDritus humanos, en todos los lugares de la tierra, para gloria
y para honra de su nombre, en el reino de los cielos, por ejemplo.
Entonces nosotros debemos de mantenernos fieles en Jesucristo, en
nuestros corazones, para que el Esp=EDritu de Dios con sus frutos
sobrenaturales sobreabunden en nuestras vidas, diariamente, para
subyugar a cada una de las profundas tinieblas, del fruto prohibido del
esp=EDritu de error, del =E1rbol de la ciencia del bien y del mal, que
siempre nos ataca para destruir nuestras vidas.
Porque de otra manera, el esp=EDritu del fruto prohibido que Ad=E1n
comi=F3, y que est=E1 en nuestros corazones y por toda nuestra sangre,
tambi=E9n, nos ha de vencer siempre diariamente hasta llevarnos a
nuestro d=EDa final, y tirarnos, perdidos y condenados, eternamente y
para siempre, por la mancha del pecado en nuestras vidas, entre las
llamas del fuego del infierno.
Y la =FAnica manera que nosotros vamos a escapar =E9sta perdici=F3n y
condena eterna, ha de ser si tan s=F3lo confiamos en nuestro Padre
Celestial y en su Esp=EDritu Santo de su gran rey Mes=EDas, el Se=F1or
Jesucristo. Porque el Se=F1or Jesucristo "es el amor de vida", que
Ad=E1n y Eva debieron haber comido, en el para=EDso, para seguir viviendo
sus vidas eternas con Dios y con su Hijo amado, en todo el para=EDso y
en todo el reino de los cielos, tambi=E9n, por siempre.
Pero como ambos no comieron del fruto de vida, sino que lo
despreciaron, al comer del fruto prohibido, del =E1rbol de la ciencia
del bien y del mal, entonces su esp=EDritu de rebeli=F3n y de maldad
reina en nuestros corazones y en nuestra manera de vivir, en todas las
naciones de la tierra, de hoy en d=EDa y de siempre.
Y esto es pecado para Dios y para su Hijo amado, el Se=F1or Jesucristo,
en cada uno de nosotros, en nuestros millares, en todos los lugares del
mundo entero, es decir, pecado de muerte y de destrucci=F3n eterna, para
nuestros corazones y para nuestras almas vivientes, tambi=E9n, en la
tierra y en el infierno.
Pero con el Se=F1or Jesucristo tenemos de su Esp=EDritu Santo, lleno de
vida y de salud, si tan s=F3lo creemos en =C9l, en nuestros corazones y
as=ED confesamos su nombre, con nuestros labios, para gloria y para
honra de su nombre, en nuestras vidas, en la tierra y para nuestras
nuevas vidas celestiales, en el nuevo reino de los cielos.
Porque nuestra vida celestial e infinita, ya est=E1 en el cielo, con
Dios y con su =C1rbol de vida, s=F3lo Dios espera de nosotros que hagamos
lo correcto en nuestros corazones, tan s=F3lo al confesar nuestros
pecados a =C9l, en el nombre bendito de su Hijo, el Se=F1or Jesucristo,
para perdonarnos y escribir nuestros nombres, en su "libro de
vida".
Puesto que, s=F3lo por medio del Esp=EDritu de vida, de su =C1rbol de
vida, es que Dios mismo ha de o=EDr nuestras oraciones, ruegos y
peticiones, de los que tengamos ante =C9l, en la tierra para que nos
bendiga, hoy en d=EDa por siempre, en la nueva eternidad venidera de su
nuevo reino celestial.
Adem=E1s, Dios nos ha de o=EDr cada una de nuestras palabras, de todas
ellas que tengamos para con =C9l, hoy en d=EDa y por siempre, porque nos
ama. Porque el Esp=EDritu de vida, de su =C1rbol de vida eterna, ha de
estar en nuestros corazones d=EDa y noche, latiendo vida y salud, para
con cada uno de nosotros, para servirle a =C9l, en el esp=EDritu y en la
verdad de su nombre y de su palabra sagrada y eternamente honrada, en
los corazones de todas sus criaturas celestiales.
Por eso, todo lo que nosotros sintamos hacia =E9l, en el d=EDa de hoy, ha
de ser por el poder del esp=EDritu que ha de estar en cada uno de
nosotros. Y =E9ste esp=EDritu que est=E1 en nosotros, es, sin duda alguna,
el esp=EDritu de Ad=E1n, el cual peca en contra del fruto de vida, eterna
del Se=F1or Jesucristo, para comer del fruto prohibido, del =E1rbol de la
ciencia, del bien y del mal, para mal y destrucci=F3n eterna de nuestras
vidas, en la tierra y en el m=E1s all=E1, tambi=E9n, en el infierno.
Pero Dios ha cambiado todo esto por cada uno de nosotros, en el
para=EDso y en toda la tierra, tambi=E9n. Y lo ha hecho en la vida de su
Hijo amado, el Se=F1or Jesucristo. Porque s=F3lo =C9l ha podido vivir una
vida santa y eternamente perfecta y conforme a su voluntad eterna, de
cumplir y de honrar cada palabra, cada letra y cada tilde con su
significado eterno de su Ley Viviente.
Porque es en el significado eterno, de haberse cumplido la Ley en la
vida de cada hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a, de la humanidad entera, es
en donde est=E1 cada una de nuestras muy grandes bendiciones, de vida y
de salud eterna, en nuestro Dios y en nuestro redentor eterno, el
=C1rbol de vida, el Se=F1or Jesucristo.
Es decir, que en el Se=F1or Jesucristo tenemos el esp=EDritu de vida y
del Esp=EDritu de Dios, que nos dan vida y salud a nuestros corazones y
a nuestras almas, para satisfacer a nuestro Dios, en el esp=EDritu y en
la justicia de su palabra, de su Ley, para cada uno de nosotros, en
nuestros millares, en toda la tierra.
Es decir, tambi=E9n, que sin la Ley de Dios cumplida en nosotros,
entonces nuestro Dios jam=E1s ha de ser feliz con ninguno de nosotros,
por lo tanto, habremos perdido nuestra vida eterna, para entrar en el
reino de los cielos, ha vivir con =C9l y con sus huestes de =E1ngeles
santos, en el reino de los cielos.
Porque nuestros corazones y nuestros esp=EDritus humanos solamente
emitir=EDan hacia =C9l, cada uno de los malos deseos de nuestros cuerpos
pecadores, y esto es terrible para nuestro Dios y para su Esp=EDritu
Santo, en la tierra y en le cielo, tambi=E9n. Es por eso, que Ad=E1n y
Eva tuvieron que abandonar sus vidas santas y perfectas en el para=EDso.
Ya que, ambos emitan terribles deseos de sus corazones y de sus
esp=EDritus humanos, los cuales no eran compatibles con el esp=EDritu de
vida del para=EDso, ni menos del reino de los cielos. Por eso, ambos
tuvieron que abandonar la tierra santa del para=EDso, para no volver a
regresar a ella, hasta que su esp=EDritu de vida fuese el correcto.
Y =E9ste esp=EDritu de vida, el cual siempre ha sido el correcto para
nuestro Dios, ha sido desde siempre el esp=EDritu de vida de su Hijo
amado, su =C1rbol de vida eterna, en el epicentro del para=EDso. Es por
eso, que Dios ha llamado a cada hombre, no ha que viva de los deseos de
su carne, sino de los deseos de su Esp=EDritu de vida eterna, su =C1rbol
de vida, el Se=F1or Jesucristo, en toda su creaci=F3n infinita, en el
cielo y en la tierra, tambi=E9n, por siempre.
Porque s=F3lo el Se=F1or Jesucristo tiene el esp=EDritu de vida y de salud
eterna para cada uno de nuestros corazones y de nuestras almas
vivientes, en el para=EDso, en la tierra y de nuevo en el reino de los
cielos, para cuando regresemos a la presencia santa de nuestro Dios y
Padre Celestial, en el m=E1s all=E1, por ejemplo.
Simult=E1neamente, s=F3lo el esp=EDritu de vida de su =C1rbol de vida ha de
vivir, ha de reinar, en el reino de los cielos, y m=E1s no el esp=EDritu
del mal y del bien, del =E1rbol de la ciencia eterna, del para=EDso.
Entonces cada hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a, que ha nacido en la tierra,
realmente ha nacido del esp=EDritu de Ad=E1n y de Eva.
Por cuanto, Ad=E1n y Eva se rebelaron perdidamente, sin saber lo que
hac=EDan en sus vidas, en contra del esp=EDritu de vida, del =C1rbol de
Dios, para mal de sus vidas celestiales, perdi=E9ndolas por un tiempo,
en el d=EDa que pecaron en contra de Dios, en el para=EDso. Y lo mismo le
ha sucedido a cada uno de sus descendientes, tambi=E9n, en toda la
tierra.
Porque cada uno de ellos es nacido del esp=EDritu del fruto prohibido,
del =E1rbol de la ciencia del bien y del mal; por esta raz=F3n, no podr=E1
ninguno de ellos regresar a su patria celestial, en el m=E1s all=E1, sino
que ha de morir en su esp=EDritu de rebeli=F3n y de condena eterna, en el
fuego del infierno.
A no ser que ore a su Dios y Creador de su vida, en el nombre del
Se=F1or Jesucristo, y as=ED le acepte en su coraz=F3n, como su redentor
personal, para perd=F3n de sus pecados y para que vuelva a nacer. Y esto
es de volver a nacer, aquel hombre o mujer penitente ante Dios, no de
la carne y del esp=EDritu de Ad=E1n o de Eva, sino de la carne y del
esp=EDritu de vida de Dios, el Se=F1or Jesucristo, su =C1rbol de vida y de
salud eterna.
Ya que, s=F3lo de esta manera el hombre, la mujer, el ni=F1o y la ni=F1a,
podr=E1n volver a sus vidas normales del para=EDso y del reino de los
cielos, tambi=E9n, desde hoy mismo, llenos del esp=EDritu de vida del
Se=F1or Jesucristo, y no de ninguna otra manera.
Porque es simplemente imposible para que el hombre y la mujer vuelvan a
vivir con su Dios y con su =C1rbol de vida eterna, en la tierra o en el
reino de los cielos, si es que el esp=EDritu de su coraz=F3n y de su
sangre no es el esp=EDritu de vida del =C1rbol de Dios, el Se=F1or
Jesucristo.
EL PECADO ENGENDRA LA MUERTE, EN TODOS
Por eso, cada hombre, cada mujer, cada ni=F1o y cada ni=F1a, tambi=E9n, de
la tierra, es, realmente, tentado cuando es arrastrado y seducido por
su propia pasi=F3n, de su coraz=F3n en tinieblas y de su carne corrupta,
por la mancha del pecado. Y esto es del esp=EDritu de error, del fruto
prohibido del =E1rbol de la ciencia, del bien y del mal, que est=E1, sin
duda alguna, en el coraz=F3n y en la sangre de cada uno de ellos,
comenzando con Ad=E1n y Eva, por ejemplo, para mal eterno de sus vidas,
en el para=EDso o en la tierra, de nuestros d=EDas.
Es por eso, que Ad=E1n y Eva murieron en sus pecados: porque comieron
del fruto prohibido del =E1rbol de la ciencia, del bien y del mal,
"despertando as=ED pasiones carnales", que eran contrarias a las de
la Ley de Dios, en el para=EDso, en vez, de comer del fruto de vida y de
salud eterna, el Se=F1or Jesucristo.
Puesto que, si hubiesen comido del fruto de vida, del =C1rbol de Dios,
entonces hubiesen "despertado pasiones santas y eternamente
agradables" al esp=EDritu de vida, de la Ley de Dios y de su reino
celestial, tambi=E9n. Y ellos hubiesen siempre sentido todo lo bueno y
todo lo justo que se siente en el coraz=F3n, cuando Dios ama a sus
criaturas y a sus vidas individuales, en el reino de los cielos y en
el resto de toda su creaci=F3n, tambi=E9n.
Pero como comieron del fruto prohibido, entonces el esp=EDritu de vida
ya no estaba en ellos, sino el esp=EDritu rebelde de Lucifer y de su
=E1rbol de la ciencia del bien y del mal, "despertando a un nuevo
nacimiento de deseos de la carne", totalmente contrarios a los deseos
santos y nobles, de la Ley Viviente de nuestro Dios.
Por esta raz=F3n, luego de Ad=E1n haber probado del fruto prohibido,
entonces la baja pasi=F3n de su coraz=F3n se comenz=F3 a manifestar, como
nunca antes en su vida, dando as=ED paso a su primer pecado, el cual se
comenz=F3 a multiplicar hasta jam=E1s parar, hasta nuestros d=EDas, en el
coraz=F3n de cada hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a de la tierra.
Adem=E1s, el pecado una vez "vivo en su esp=EDritu humano", entonces
acabo con su vida celestial, para darle paso a la muerte de su alma, en
el para=EDso y en la tierra, tambi=E9n: eternamente para los que "no se
arrepienten" de su mal, y temporalmente para los que "se aferran a
Jesucristo", y vuelven a nacer de su esp=EDritu de vida.
Fue por esta raz=F3n, de que la misma tierra del para=EDso y como la del
reino de los cielos, tambi=E9n, llena de cada palabra, de cada letra y
de cada tilde y de su significado infinito, entonces abri=F3 su puerta
celestial para despedir a Ad=E1n y a Eva, de la misma manera, que
despidi=F3 a Lucifer y a sus secuaces.
Pero con amor y una gran esperanza en sus corazones, Ad=E1n y Eva
abandonaron el para=EDso, para volver a tener pronto, la misma vida
antigua del reino de los cielos, en sus corazones y en sus almas
vivientes, tambi=E9n, s=F3lo en Jesucristo, en los d=EDas venideros del
nuevo amanecer, con "un nuevo nacimiento", en el nuevo reino de los
cielos.
En vista de que, para volver a tener vida en la tierra, como en el
reino de los cielos, por ejemplo, entonces el hombre y la mujer tienen
que volver a nacer, no de la carne de Ad=E1n, sino de la carne y del
esp=EDritu de vida, del =C1rbol de Dios, su Hijo amado, =A1el Se=F1or
Jesucristo!
De otra manera, ning=FAn hombre o mujer podr=E1 jam=E1s volver a nacer, ni
menos volver=E1 a ver la vida, en esta vida, ni en la venidera, en el
m=E1s all=E1, s=F3lo el fuego eterno del infierno espera por =E9l o por
ella, por su rebeli=F3n ante Dios y ante su nombre salvador, el nombre
eternamente sant=EDsimo del Se=F1or Jesucristo.
Visto que, el fruto de la carne es rebeli=F3n total al nombre santo de
Dios y de su Hijo amado, =A1el Se=F1or Jesucristo! Por eso, todo aquel
que no ama al Se=F1or Jesucristo en su coraz=F3n, ni confiesa su nombre
sobrenatural con sus labios, entonces es arrastrado y seducido por la
pasi=F3n del fruto prohibido, del =E1rbol de la ciencia del bien y del
mal que va contra el esp=EDritu de vida, del fruto de vida eterna.
Y esto es en cada coraz=F3n de cada uno de todo pecador y de toda
pecadora, en todas las naciones de la tierra: al no creer en el Se=F1or
Jesucristo, como su =FAnico y suficiente redentor de su vida, en esta
vida y en la venidera, tambi=E9n, en el nuevo m=E1s all=E1 de Dios y de su
=C1rbol de vida eterna.
Por ello, una vez, el pecado de rebeli=F3n en contra de Dios y de su
=C1rbol de vida eterna es llevado acabo, en el coraz=F3n y en la vida del
pecador o de la pecadora, entonces con lleva a su muerte segura. Y esta
muerte del alma perdida ha de ser en la tierra y en el m=E1s all=E1,
tambi=E9n, como entre las llamas ardientes del fuego eterno del infiero
y posteriormente el lago de fuego, para destrucci=F3n de su coraz=F3n
eterno y sin el nombre salvador y sobrenatural del Se=F1or Jesucristo,
para siempre.
Por esta raz=F3n, Dios no desea que el hombre siga viviendo su vida del
primer pecado de Ad=E1n, sino que cambie a su vida original del m=E1s
all=E1, del para=EDso y del reino de los cielos. Y esta vida del hombre
es la misma vida divina de Dios y de su =C1rbol de vida, el Se=F1or
Jesucristo. Porque como =E9sta vida infinita del =C1rbol de la vida, no
hay otra semejante, en el para=EDso, ni en el reino de los cielos,
tampoco, ni menos en la tierra, de nuestros d=EDas.
ABRIGENSE DE JESUCRISTO Y NO DEN PASO A LOS DESEOS DE LA CARNE
Por eso, arr=F3pense todos del Se=F1or Jesucristo espiritualmente
hablando, y no hagan provisi=F3n para satisfacer los malos deseos de la
carne, como lo hicieron Ad=E1n y Eva, en el d=EDa que le creyeron a la
serpiente antigua, que les hablaba de parte de Lucifer para hacerlos
caer en una trampa eterna, que s=F3lo Dios y su Hijo los pod=EDa liberar.
En la medida en que, los deseos de la carne jam=E1s fueron buenos para
la salud del hombre, ni para la relaci=F3n espiritual de =E9l, ni menos
del Dios del cielo y de toda la tierra. Porque Dios jam=E1s aprob=F3, ni
aprobar=E1 tampoco los frutos del primer fruto prohibido del =E1rbol de
la ciencia, del bien y del mal, en el coraz=F3n y en el cuerpo del
hombre de toda la tierra, sino que s=F3lo Dios ha de aprobar siempre:
=A1los frutos del fruto de vida eterna!
Y esto es, realmente, el Se=F1or Jesucristo, en el coraz=F3n y en el alma
viviente de cada hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a de la humanidad entera,
para que viva en eterna paz y armon=EDa espiritual con su Dios y con su
=C1rbol de vida, el Se=F1or Jesucristo, en la tierra y en el para=EDso,
tambi=E9n, para siempre.
Por cuanto, Dios desea ver s=F3lo los deseos del esp=EDritu de vida y del
cuerpo santo y sumamente honrado por la palabra viviente de la Ley de
Dios y de Mois=E9s del Se=F1or Jesucristo, en el coraz=F3n y en el cuerpo
de cada hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a, no s=F3lo de Israel, sino de todas
las naciones de la tierra.
Porque =E9ste es el reino celestial del m=E1s all=E1, el cual Dios siempre
so=F1=F3 y preparo en su coraz=F3n para llevarlo acabo, no s=F3lo con sus
=E1ngeles santos, sino tambi=E9n, con Ad=E1n y cada uno de sus
descendientes, como personas como t=FA, hoy en d=EDa, en tu hogar y en
tus tierras, mi estimado hermano y mi estimada hermana.
Por eso, Dios ha preparado grandes bendiciones celestiales de la tierra
y del m=E1s all=E1, tambi=E9n, =ABpara cada uno de los que s=F3lo vivan por
los deseos del esp=EDritu de vida y de la carne santo y eternamente
glorioso de nuestro salvador, el Se=F1or Jesucristo=BB, =A1el Todopoderoso
de Israel y de las naciones!, por ejemplo.
Es por eso, que es muy importante que cada hombre, mujer, ni=F1o y
ni=F1a, sea bautizado en el agua, "en el nombre del Padre, del Hijo y
del Esp=EDritu Santo de Dios", para cumplir toda justicia, en la
tierra y en el para=EDso, tambi=E9n, para gloria y para honra infinita de
la Ley Divina de Dios y de Mois=E9s, por ejemplo.
Ya que, si no nacemos del agua y del Esp=EDritu de Dios, entonces no
podremos jam=E1s vivir los deseos del Esp=EDritu de vida y del cuerpo de
la carne, de nuestro gran rey Mes=EDas, el Cristo de Israel y de la
humanidad entera, el Hijo de David. En verdad, permanecemos en el
pecado eterno y mortal de Lucifer y de Ad=E1n en nuestras sangres
manchadas (o selladas) por la muerte eterna.
Porque as=ED como en el cielo con los =E1ngeles santos, tambi=E9n, en la
tierra, la voluntad perfecta de nuestro Padre Celestial tiene que
llevarse acabo, a como de lugar, en el coraz=F3n de cada uno de sus
hijos y de sus hijas, de todas las familias, razas, linajes, tribus,
pueblos y reinos de la tierra.
Para que de esta manera =FAnica y sumamente honrada, entonces los frutos
del esp=EDritu de vida y de la carne del =C1rbol de vida eterna, el
Se=F1or Jesucristo, se manifieste en cada uno de nosotros, en nuestros
millares, en todos los lugares de la tierra y del reino de los cielos,
tambi=E9n, para seguir viviendo divinamente por la eternidad venidera.
Dado que, sin los frutos del esp=EDritu de vida y del cuerpo santo del
Se=F1or Jesucristo, en cada uno de nosotros, entonces no podremos jam=E1s
ser felices con nuestro Dios. Ni Dios ha de poder ser feliz con cada
uno de nosotros, en toda la existencia de la tierra, por miles de a=F1os
venideros, en la eternidad.
Porque entonces los frutos de nuestra carne y de nuestro esp=EDritu
humano, contaminados por las palabras mentirosas de Lucifer, han de ser
el fruto de nuestros cuerpos y de nuestros esp=EDritus humanos y
pecadores, igualmente, para con Dios y para su Ley Viviente, en la
tierra y en el m=E1s all=E1, tambi=E9n, como en el bajo mundo de las almas
perdidas.
De las almas perdidas, de las cuales "jam=E1s nacieron de nuevo" del
poder sobrenatural del Esp=EDritu Santo, al creer en sus corazones y al
confesar con sus labios, de que "el Se=F1or Jesucristo es su Hijo
amado". Ellos permanecen en la condena eterna de las palabras
mentirosas y de muerte de Lucifer, que llego a Eva primero y luego a
Ad=E1n, por boca de la serpiente antigua, para "separarlos del fruto
de vida eterna", el Se=F1or Jesucristo, en el para=EDso y en la tierra,
de nuestros d=EDas, tambi=E9n, para mal de muchos, para siempre.
Porque todo hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a, comenzando con Ad=E1n, por
ejemplo, tiene que creer en su coraz=F3n y confesar con sus labios, de
que Jesucristo es su Hijo, para gloria y para honra de nuestro Dios y
Padre Celestial, en la tierra y en el reino de los cielos, hoy en d=EDa
y por siempre, en el m=E1s all=E1.
Entonces hoy mismo, antes que se haga m=E1s tarde para ustedes,
"invoquen el nombre del Se=F1or Jesucristo" en sus corazones,
pronunciando su nombre santo con sus labios, para que sus cuerpos y sus
esp=EDritus humanos ya no sean arropados por el esp=EDritu de error de
Lucifer, sino por el Esp=EDritu de Dios y de su Hijo amado, el Se=F1or
Jesucristo.
LA GRACIA HA DESENDIDO DE DIOS PARA ENSE=D1ARNOS A VIVIR COMO =C9L
Porque la gracia salvadora de nuestro Dios se ha manifestado a todos
los hombres, mujeres, ni=F1os y ni=F1as de la tierra, ense=F1=E1ndonos a
vivir de manera prudente, justa y piadosa en nuestros tiempos,
renunciando as=ED a la impiedad y a las pasiones mundanas, que proceden
del fruto del =E1rbol de la ciencia, del bien y del mal, en nuestros
cuerpos.
Por cuanto, la verdad es que los frutos del fruto prohibido que Eva y
luego Ad=E1n mordi=F3 para ingerir, aun est=E1n en nuestros cuerpos y en
nuestra sangre, tambi=E9n, para llevarnos al infierno. Porque =E9se es el
poder primordial del pecado, de llevarnos d=EDa y noche a la orilla de
la muerte y del abismo del infierno, para tirarnos al fuego eterno.
Haci=E9ndonos realmente tanto da=F1o como el que se le hizo a nuestros
progenitores, en el para=EDso, en el d=EDa que cayeron de la gracia de
nuestro Dios y Padre Celestial, al no comer de los frutos de vida
eterna, de su =C1rbol Santo, por ejemplo, el Se=F1or Jesucristo, para
perdici=F3n eterna de nuestras almas en =E9ste pecado mortal e infinito.
Es por eso, que nuestro coraz=F3n y nuestro esp=EDritu humano han nacido
en la tierra, en el d=EDa que nacimos del vientre de nuestra madre, para
seguir obedeciendo y haciendo las maldades mundanas del fruto
prohibido. Y estas son maldades tras maldades que van d=EDa y noche en
contra de Dios y de su =C1rbol de vida eterna, el Se=F1or Jesucristo, en
la tierra y en el para=EDso, para afectar toda vida, en el hombre y en
Dios, tambi=E9n, en el m=E1s all=E1.
Porque estos son pecados, de los cuales comenzaron en Ad=E1n, para
separaci=F3n de nuestro =C1rbol de vida y condenaci=F3n infinita, de
nuestras almas en las llamas del infierno y del lago de fuego, para
nuestra segunda muerte final, de nuestros corazones, de nuestras
sangres y de nuestras almas contaminadas y perdidas, en el poder de la
gran mentira de Lucifer.
Por esta raz=F3n, es que nuestros corazones siempre est=E1n pensando en
el mal del pecado para hacerse da=F1o a s=ED mismos y a los dem=E1s,
tambi=E9n, en todos los lugares de la tierra y en cada momento del d=EDa,
hasta entrar en las llamas del infierno, candente y eternamente
tormentoso, para jam=E1s volver a tener la oportunidad de ver la vida.
En verdad, estos son los poderes sobrenaturales del fruto prohibido del
=E1rbol de la ciencia, del bien y del mal, que act=FAan d=EDa y noche en
cada uno de nuestros corazones y de nuestros esp=EDritus humanos, para
desfigurar y destruir, tambi=E9n, a la misma vez, nuestra alma viviente,
en la tierra y en el m=E1s all=E1, en el infierno eterno.
Es por eso, que el hombre se hace im=E1genes de talla, usa el nombre de
Dios en vano, roba, miente, mata y se hace due=F1o de lo ajeno,
rompiendo as=ED d=EDa y noche la palabra de la Ley de Dios y de Mois=E9s,
en nuestros corazones y en nuestras vidas humanas, en la tierra y en el
m=E1s all=E1, tambi=E9n.
Puesto que, la Ley de Dios aun se sigue deshonrando en el m=E1s all=E1,
cuando caen los imp=EDos / paganos, burladores eternos de la voluntad
perfecta de Dios y de su =C1rbol de vida eterna, entre las llamas
eternas del fuego del infierno y del lago de fuego, tambi=E9n, por
ejemplo.
Porque toda alma que pecare en contra de la Ley de Dios ha de morir
irremediablemente en su pecado y en su culpa eterna, si es que no se
arrepiente de su mal proceder hacia la palabra de Dios y de su mal
camino por la tierra, a tiempo, en contra del nombre bendito de su
Hijo, =A1el Se=F1or Jesucristo!
Dado que, cada uno de los deseos del coraz=F3n y del esp=EDritu humano de
la carne del hombre, de la mujer, del ni=F1o y de la ni=F1a, si es que
Jesucristo no est=E1 en su coraz=F3n, entonces est=E1 en contra de su Dios
y de la vida perfecta y sumamente honrada del Cristo de Israel y de la
humanidad entera.
Y esto es muerte eterna para todo aquel que peque en contra de su
palabra, de su Ley, de la vida de la sangre gloriosa y sumamente
bendita por Dios y por su Esp=EDritu Santo, su Hijo amado, el Se=F1or
Jesucristo, en su coraz=F3n y en su alma viviente, tambi=E9n, para muerte
eterna, entre las llamas candente del infierno eterno.
Ya que, escrito est=E1, de que todo aquel que "pisoteare la vida"
del Se=F1or Jesucristo, entonces ya no tiene remedio, ni perd=F3n para
alcanzar su bendici=F3n y la salvaci=F3n de su alma viviente, en esta
vida, ni en la venidera, tampoco, como en el m=E1s all=E1, en el
infierno, ni en su segunda muerte, en el lago de fuego, por ejemplo.
Aquel blasfemo, como la escritura lo llama, s=F3lo le espera su condena
eterna, entre las llamas de la ira de Dios y de su Esp=EDritu Santo, las
cuales arden cada vez con mayor fuerza y violencia, para recibir aquel
imp=EDo, pagano, ateo, corrupto, adultero, mentiroso, due=F1o de la ajeno
y burlador eterno del nombre y de la Ley de Dios.
Pero para los que "aman los deseos santos y sumamente gloriosos"
del fruto de vida eterna, del nombre del Se=F1or Jesucristo y de su
esp=EDritu de gloria, viviendo en sus corazones y en sus almas eternas,
las cosas son diferentes para cada uno de ellos, su final en la tierra
es de gloria infinita, en el reino de los cielos.
Porque si glorificaron a su Dios y salvador de sus almas eternas, el
Se=F1or Jesucristo, en sus corazones, entonces tambi=E9n lo han de hacer
as=ED en el para=EDso o en el nuevo reino de los cielos, por ejemplo,
para gloria y para honra infinita del nombre de Dios y de sus huestes
de =E1ngeles gloriosos del m=E1s all=E1.
Dado que, todo aquel que desee entrar en la vida del reino de Dios, ha
caminar por calles de oro, para entrar en su mansi=F3n celestial, en
donde ha de vivir por siempre, glorificando y honrando d=EDa y noche: el
nombre glorioso y sumamente santo de nuestro Padre Celestial, entonces
tiene que amar a Cristo, en su coraz=F3n, desde ya.
EN CRISTO SOMOS PARTICIPANTES EN PLENO DE LA NATURALEZA DIVINA, PARA
ESCAPAR TODA CORRUPCI=D3N DE LA CARNE
Desde que, nuestro Dios nos ha dado una nueva vida infinita, en la
misma vida de su Hijo amado y no de =E1ngeles poderosos y eternamente
gloriosos de su reino celestial, para que vivamos eternamente y por
siempre delante de =C9l, en la tierra y en el cielo, tambi=E9n. Porque
simplemente no hay otra vida mayor que la de Dios mismo para cada uno
de nosotros, en el cielo, ni menos en la tierra, de nuestros d=EDas, por
ejemplo, que Dios nos pueda regalar.
Por esta raz=F3n, mediante esta nueva vida infinita nos han sido dadas
preciosas y grand=EDsimas promesas, para que por ellas sean hechos
participantes de la naturaleza divina, santa, pura y eternamente
perfecta, despu=E9s de nosotros mismo haber huido de la corrupci=F3n que
reina en nuestros corazones y en el mundo entero, debido a las bajas
pasiones del poder del pecado.
Porque las pasiones del pecado en nuestros corazones y en nuestra
sangre humana han sido las mismas de siempre, que comenzaron a
manifestarse en la vida de Ad=E1n y de Eva, en el d=EDa que comieron del
=E1rbol de la ciencia del bien y del mal. En verdad, estas son las
pasiones del cuerpo perdido en las profundas tinieblas de Lucifer, que
se manifiestan en el pecador y en la pecadora para pecar m=E1s y m=E1s
ante Dios y su =C1rbol de vida eterna, Jesucristo.
Y estas pasiones del pecado, en nuestros cuerpos humanos, son las que
nos "separa de Dios" y de su =C1rbol de vida eterna, el Se=F1or
Jesucristo, d=EDa a d=EDa hasta finalmente destruir nuestras vidas
totalmente, no s=F3lo en la tierra, sino tambi=E9n entre las llamas
eternas de la ira de Dios, en el infierno candente y eternamente
violento.
Adem=E1s, estas pasiones terribles del fruto prohibido que Ad=E1n comi=F3,
se manifiestan en nuestros corazones y en nuestros cuerpos humanos,
d=EDa y noche, desde el primer instante que el pecado entro en Ad=E1n,
cuando sentimos deseo de pecar en contra de Dios, de su Esp=EDritu, de
su Hijo y de nuestro pr=F3jimo, tambi=E9n, en toda la tierra.
Por ejemplo, tambi=E9n, cuando sentimos deseo de mentir, de enga=F1ar, de
adorar dioses ajenos a la Ley de Dios y de Mois=E9s, de usar el nombre
de Dios en vano, de maldecir, de matar, de adultera y de querer hacerse
due=F1o de lo ajeno, entre otros frutos terribles, del fruto prohibido
del =E1rbol de la ciencia, del bien y del mal.
Porque cada uno de estos males, y aun peores, se manifiesta siempre en
la vida del pecador y de la pecadora, por ejemplo, que no ha conocido,
ni ha vuelto a nacer de nuevo del Esp=EDritu Santo, su =C1rbol de vida
eterna, el Se=F1or Jesucristo, en el coraz=F3n de cada =E1ngel del cielo y
de cada hombre de la tierra.
Por eso, es muy bueno que todo hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a, reciba ya
en su coraz=F3n el nombre de Jesucristo, para que los frutos agradables
de vida y de gloria eterna de nuestro Padre Celestial asciendan hacia
=C9l y hacia su trono santo, para que entonces nos bendiga y no nos
maldiga, ni nos condene su Ley Santa, tampoco.
Porque esta es la =FAnica manera, por la cual el coraz=F3n del hombre ha
de poder cumplir con la justicia y la voluntad perfecta de nuestro
Dios, en su =C1rbol de vida eterna, el Se=F1or Jesucristo, en cada uno de
nuestros corazones, en todas las familias, razas, pueblos, linajes,
tribus y reinos de la humanidad entera, en toda la tierra.
Y s=F3lo as=ED entonces hemos de poder ser hallados justos para entrar,
desde hoy mismo, en la vida santa y sumamente honrada de su =C1rbol de
vida, en el para=EDso o en el nuevo reino de los cielos, como la gran
ciudad celestial del gran rey Mes=EDas: La Nueva Jerusal=E9n Celestial de
Dios y de su nueva vida infinita.
En estas tierras con nuevos cielos, libres del mal de la mentira de
Lucifer y de Ad=E1n, entonces hemos de conocer d=EDa a d=EDa s=F3lo los
frutos, de la carne y del esp=EDritu de vida de nuestro salvador, el
Se=F1or Jesucristo, nuestro =FAnico posible =C1rbol de vida y de salud
eterna, para cada uno de nosotros, en toda la tierra.
En otras palabras, en =E9ste nuevo reino celestial para la humanidad
entera, sin que falte ning=FAn hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a, de todas
las familias del mundo, de los que hayan recibido en sus corazones a
Jesucristo, "s=F3lo vivir=E1 el gozo y la felicidad" en su coraz=F3n,
por haber llegado a conocer el nombre de Dios y de su Jesucristo.
Porque el coraz=F3n del hombre fue puesto en su pecho por Dios, igual al
de =C9l y de su Jesucristo, para que viva su vida en el para=EDso o en el
nuevo reino de los cielos, m=E1s no en la tierra. Y no en la tierra,
jam=E1s, porque es en donde las profundas tinieblas de la palabra de
mentira y de gran maldad de Lucifer viven, d=EDa a d=EDa y por siempre,
hasta el fin del mundo.
O hasta el d=EDa que, por ejemplo, el Se=F1or Jesucristo vuelva a tomar
total control de toda la tierra, con su palabra y con su justicia
infinita, de su sangre y de su nombre glorioso y eternamente
sobrenatural, tambi=E9n. En verdad, nuestro Dios nos ha dado mucho de su
amor infinito, y sin medida alguna, desde mucho antes que el cielo y la
tierra fuesen formados, para que no exista mentira, ni menos maldad en
nuestras vidas, en la tierra ni menos en el reino de los cielos, por
ejemplo.
Adem=E1s, =E9ste amor sobrenatural y sobreabundante, nos lo ha
manifestado el Se=F1or Jesucristo, no s=F3lo al vivir su vida santa y
sumamente honrada ante la Ley de Dios y de Mois=E9s, sino que mucho m=E1s
que esto. Porque el Se=F1or Jesucristo fue siempre santo m=E1s aun hasta
que fue enjuiciado injustamente por sus enemigos, y dejo correr su
sangre santa sobre el madero, el cual esperaba por =C9l, desde mucho
antes de la fundaci=F3n del mundo, para ponerle fin, con su propio amor
infinito, a nuestros pecados y a nuestra muerte eterna.
Y es precisamente =E9ste mismo amor sobrenatural e infinito, el cual nos
ha de llevar d=EDa y noche hasta el seno y el coraz=F3n sagrado de
nuestro Padre Celestial, que est=E1 en los cielos, si tan s=F3lo creemos
de todo coraz=F3n para confesar finalmente su nombre sagrado con
nuestros labios, para viva y para felicidad eterna, tambi=E9n, de
nuestras almas.
Para que con esta confesi=F3n de fe, de que el Se=F1or Jesucristo es su
Hijo, entonces seamos ungidos por el Esp=EDritu de vida eterna y lleno
de cada uno de sus dones sobrenaturales, de milagros, de maravillas y
de prodigios del cielo y de la tierra, para sanarnos de muchos males y
del mal eterno de la muerte en el infierno.
Y nuestro Dios ya ha hecho cada una de estas grandes misericordias,
para amarnos por siempre, en Jesucristo. Con el fin eterno de edificar
nuestras vidas m=E1s y m=E1s hasta que sea igual a la vida gloriosa y
sumamente honrada de nuestro rey Mes=EDas, el Se=F1or Jesucristo, el
=FAnico salvador posible de Israel y de la humanidad entera, hoy en d=EDa
y por siempre, para entrar desde ya, a la vida eterna de su reino
infinito.
Ya que, tenemos que entrar de nuevo a la vida eterna del para=EDso y del
nuevo reino de los cielos, santos y salvos, no con el pecado de Ad=E1n
viviendo en nuestros corazones, sino con la gracia redentora, de la
sangre sobrenatural de nuestro =FAnico y gran salvador de nuestras vidas
y de nuestras almas eternas, =A1el Se=F1or Jesucristo!
A DIOS LE DOLI=D3 HABER CREADO AL HOMBRE POR CULAPA DE SU CARNE CORRUPTA
Es por eso, que cuando nuestro Dios vio que la maldad del hombre era
mucha en la tierra, y que toda tendencia de los pensamientos de su
coraz=F3n, era entonces de continuo s=F3lo al hacia el mal. Pues nuestro
Dios lament=F3 haber hecho al hombre en la tierra, y le doli=F3 en su
coraz=F3n, porque ve=EDa que no hab=EDa amor en ninguno de ellos.
Cuando la verdad era que =C9l mismo, y no otro, los hab=EDa formado uno a
uno con sus manos santas, para ser amado s=F3lo por ellos, en sus
corazones eternos, para gloria y para honra de su nombre bendito, en la
tierra y en el cielo, tambi=E9n. Porque para Dios no hay mayor amor en
el cielo, que tan solo ver a su Hijo amado, creciendo cada vez m=E1s y
m=E1s en el esp=EDritu de vida y del amor infinito, en el coraz=F3n del
hombre y de la mujer de toda la tierra, por siempre, en el infinito.
Pero al ver Dios, que el hombre s=F3lo pensaba en el mal de su coraz=F3n
y de su hermano o de su hermana, entonces se dio cuenta de que esto no
pod=EDa seguir as=ED en la tierra, para que luego entren en la vida
eterna del m=E1s all=E1, del para=EDso o del nuevo reino de los cielos,
por ejemplo.
Y entonces Dios decidi=F3 destruir a toda la vida de la tierra, con
aguas del mar y del abismo. Porque de todos los hombres de la tierra de
aquellos d=EDas, s=F3lo No=E9 era fiel ante su Dios y ante su nombre
salvador, en toda la tierra. =C9l hab=EDa engendrado a tres hijos: Sem,
Cam y Jafet, quienes tambi=E9n le serv=EDan al Se=F1or, en el poder
sobrenatural de su nombre santo, el de su Hijo amado, el Se=F1or
Jesucristo.
Ellos no se hab=EDan corrompido tras los pecadores y las pecadoras de
aquellos d=EDas, en el mundo antiguo; ellos eran fieles a Dios con sus
esposas y con sus hijos, tambi=E9n. Entonces Dios se agrada de ellos en
gran manera en su coraz=F3n santo, para redimirlos y no destruirlos
junto con los dem=E1s pecadores, del mundo antiguo.
Por eso, Dios le dijo a No=E9 hazte un arca de quinientos codos de
largo, de cincuenta codos de ancho y de treinta codos de alto. Solo
tendr=E1 una puerta en sus lados, y dentro del arca habr=E1 dos pisos,
uno bajo y otro alto. En estos pisos han de entrar todos los que deseen
ser redimidos del mal, que envi=E9 sobre la tierra, en los postreros
d=EDas.
Todos los que entren en el arca se salvaran, del gran diluvio del cielo
y de la tierra. Estas aguas alzaran el arca con todos los tuyos y los
que hayan entrado en ella contigo, como gentes y animales de todas sus
especies, machos y hembras, dos de cada especie de ellos, seg=FAn su
genero ser=E1n redimidos.
Redimidos y escogidos por Dios mismo, para que sobrevivan el mal que
viene sobre la tierra, y puedan volver a llenar la tierra, como antes,
pero sin el pecado y sin su violencia mortal, que se ve en todos los
hombres pecadores y en todas las mujeres pecadoras de tu era, No=E9.
Pues as=ED lo hizo No=E9.
No=E9 obedeci=F3 a su Dios, y con =E9l se salvaron todos los de su familia
y dos de todas las especies de los animales de la tierra, machos y
hembras, Dios los redimi=F3 de morir en este gran castigo sobre toda la
tierra, en aquellos d=EDas. As=ED Dios puso fin al pecado del deseo de la
carne, de todo los infieles al nombre santo de su Hijo amado, el Se=F1or
Jesucristo.
Porque todos, en aquellos d=EDas, que hab=EDan o=EDdo de la llegada del
gran rey Mes=EDas a toda la tierra, para redimirla de su mal eterno, se
salvaron de su muerte segura, en el arca de No=E9. Ellos obedecieron a
la voz de Dios, para redimir sus vidas de tan gran mal. Pero m=E1s
fueron los animales que oyeron la voz de Dios, y se salvaron entrando
en el arca de No=E9, antes que el diluvio comenzase.
Es decir, que s=F3lo los que fueron encontrados por Dios, de ser dignos
de invocar y de creer de todo coraz=F3n en su nombre salvador, entonces
entraron en el arca de No=E9, junto con los animales de toda la tierra,
pues, se salvaron antes que el gran diluvio sumergiese a la tierra en
su castigo y en su muerte.
As=ED Dios le tuvo que poner "fin" al pecado de los deseos de la
carne y del coraz=F3n malvado de todo hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1as,
infieles al nombre santo y salvador de su Hijo amado, el Se=F1or
Jesucristo. En el mundo antiguo, m=E1s fueron fieles a Dios y a su
nombre salvador, el Se=F1or Jesucristo, los animales de la tierra, que
el hombre pecador y la mujer pecadora.
Y despu=E9s de haber destruido a todo avaro, maligno, pagano, adultero,
mentiroso, idolatra, criminal, ladr=F3n, hip=F3crita, cobarde, infiel,
personas afectas a su mismo .o y a los animales tambi=E9n, entonces
Dios le volvi=F3 a dar vida a la tierra, pero sin ninguno de los
pecadores mencionados antes, para que la tierra fuese libre del mal
ante su presencia, en el reino de los cielos.
Adem=E1s, s=F3lo as=ED Dios pod=EDa ser feliz en el cielo ante la presencia
de la humanidad entera, en su trono santo y ante su altar glorioso, en
el reino de los cielos. Por lo tanto, Dios destruye a toda la tierra
con un gran diluvio, por amor a la humanidad entera y no tanto por su
ira al pecado.
Para que entonces el pecado de todo pecador y de toda pecadora "no se
expanda" en toda la vida del resto de la humanidad, para las
generaciones venideras. Porque si Dios no hubiese actuado con amor
infinito, en aquellos d=EDas de No=E9, para ponerle fin al pecado y a sus
muchas maldades en toda la tierra, entonces no existiera la humanidad
entera, hoy en d=EDa.
Ni menos el Se=F1or Jesucristo hubiese descendido a la tierra para
redimirla con su sangre santa, dej=E1ndola correr sobre el madero y
sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusal=E9n, en
Israel, para ponerle fin al pecado y a la muerte eterna, del alma
perdida del hombre de toda la tierra.
Es m=E1s, ya no existiera vida en toda la tierra, sino s=F3lo total
desolaci=F3n por doquier, para siempre. Y Dios no deseaba =E9ste terrible
mal para la tierra y para su humanidad infinita, sino todo lo
contrario. Dios deseaba tornar a la tierra, a pesar de sus profundas
tinieblas de las palabras de gran mentira y de maldad eterna de
Lucifer, en un nuevo para=EDso eterno, para su =C1rbol de vida y sus
frutos benditos de cada hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a de la humanidad
entera.
Y hoy en d=EDa vivimos, gracias al amor y a la misericordia infinita de
nuestro Dios, al ponerle fin al pecado y a los deseos de la carne y del
coraz=F3n infiel de los antiguos, de los d=EDas de No=E9, por ejemplo.
Porque ellos fueron verdaderamente malos para con su =C1rbol de vida
eterna, el Se=F1or Jesucristo. Y esto Dios no lo pudo sufrir tanto en su
coraz=F3n sagrado, que tuvo que ponerle fin inmediatamente a sus deseos
perdidos de sus carnes corruptas.
Porque cada uno de ellos llevaba a la vida de la tierra hacia su
destrucci=F3n prematura entre las llamas eternas del fuego eterno, sin
que Jesucristo aun no haya descendido del cielo, aunque conoc=EDan de
=E9l, para ponerle fin al pecado con su sangre bendita de su
"holocausto supremo", en las afueras de Jerusal=E9n, en Israel, para
la humanidad entera.
Es decir, de que si Dios no act=FAa as=ED, a tiempo, en aquellos d=EDas,
con su gran diluvio, para destruir a toda la vida corrupta del mundo
antiguo, entonces el Se=F1or Jesucristo no hubiese descendido del cielo
para entregarnos tan gran salvaci=F3n, de nuestros corazones y de
nuestras almas, en toda la tierra, de hoy en d=EDa y de siempre.
Por esta raz=F3n, le damos gracias a nuestro Padre Celestial por haberle
puesto fin a los deseos malvados de la carne y de los corazones
perdidos e infieles de los antiguos ante su verdad y ante su justicia
infinita de su Hijo amado, el Se=F1or Jesucristo. Y s=F3lo as=ED entonces
podamos tener una gran esperanza, de un nuevo amanecer eterno, en
nuestros corazones con Jesucristo para el nuevo mundo infinito de Dios
y de su Esp=EDritu Santo, en la nueva inmensidad venidera del m=E1s
all=E1, por ejemplo.
Para que en un d=EDa como hoy, por ejemplo, mi estimado hermano y mi
estimada hermana, entonces recibas cada una de tus muchas bendiciones y
con ellas tu gran salvaci=F3n infinita, a la misma vez, en tu coraz=F3n y
en tu alma viviente, en esta vida y en la venidera del nuevo reino de
los cielos, en el m=E1s all=E1.
NO REINE EL PECADO EN SUS CORAZONES PARA QUE SUS CUERPOS NO OBEDEZCAN A
SUS DESEOS CARNALES
Por eso, no reine, pues, la inmoralidad en sus cuerpos mortales, de
modo que obedezcan a sus malos deseos, como lo hicieron corrompidamente
los antiguos en los d=EDas de No=E9, para provocar a nuestro Dios, ha
derramar de su juicio y de su ira infinita sobre toda la tierra, para
destruir a todo pecador y a toda pecadora, para siempre.
Y s=F3lo No=E9 con su familia vivi=F3, en aquellos d=EDas de juicio final
sobre toda la tierra, porque el Se=F1or Jesucristo ten=EDa que descender
del cielo a terminar su gran obra sobre el madero. =C9sta era una obra
sobrenatural que tenia que llevarse acabo sobre su roca eterna, en las
afueras de su ciudad escogida, para que quede sellada en el coraz=F3n
del hombre de toda la tierra, como testimonio eterno de su amor hacia
cada uno de ellos, comenzando con Ad=E1n.
Es decir, su =FAnica obra infinita, de bendici=F3n y de gran salvaci=F3n,
en las afueras de Jerusal=E9n, y en cada hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a,
de la humanidad entera, para que el pecado ya no reine, sino s=F3lo la
verdad y la justicia infinita de la vida de Dios y de su gran rey
Mes=EDas, su =C1rbol de vida eterna.
Por cuanto, Dios hab=EDa determinado mucho antes de la fundaci=F3n del
reino de los cielos y de toda la tierra, de que la tierra ten=EDa que
ser redimida por =C9l y por la sangre bendita de su =C1rbol de vida
eterna, para gloria de su nombre santo. Con el fin de volverle a dar
vida y vida en abundancia a toda ella y a su inmensa humanidad eterna,
tambi=E9n, libre de todo mal del pecado y de las profundas tinieblas de
la muerte, de Lucifer y de sus =E1ngeles ca=EDdos, por ejemplo.
Ya que, toda la tierra ha sido creada por Dios, s=F3lo para su nuevo
reino de los cielos. Es decir, que la tierra ha de ser como el
para=EDso, por ejemplo, para que Ad=E1n y sus descendientes suban al
cielo y bajen a la tierra, libremente, para servirle a su Dios y a su
=C1rbol de vida eterna, por los siglos de los siglos.
Entonces el =C1rbol de vida del reino de los cielos y del para=EDso ya
est=E1 establecido en su lugar eterno, en las afueras de Jerusal=E9n y
sobre su roca eterna, la cual est=E1 en el cielo, en estos momentos.
Pero el lugar de gloria eterna para que Dios reine sobre todas las
naciones de la tierra, por ejemplo, ha de ser desde su ciudad eterna,
Jerusal=E9n, en Israel y sobre el trono de David, tambi=E9n.
En la medida en que, la promesa que Dios le hizo a David, fue que su
mismo Hijo, y no otro, iba a sentarse sobre su trono para siempre, para
reinar sobre cada una de las naciones de toda la tierra. Y esta palabra
se est=E1 cumpliendo poco a poco. Porque primero tenia que tener la
tierra en su epicentro, en la tierra prometida, su =C1rbol de vida. Y
esto ya ha sido hecho una realidad eterna por nuestro Dios y por su
Hijo amado, el Se=F1or Jesucristo.
Para que muy pronto, el gran rey David vuelva a Jerusal=E9n, Israel;
pero esta vez, va a ser para sentarse sobre el trono de su padre David
y desde aquel momento reinara a toda la tierra, para gloria y para
honra infinita de nuestro Dios y Padre Celestial que est=E1 en los
cielos. Porque =E9sta gloria infinita y celestial que viene a la tierra,
especialmente en Israel, es de Dios, y no del hombre, para la eternidad
venidera.
Por eso, Dios no desea que el pecado siga manchando sus vidas, como
mancho la de Ad=E1n en el para=EDso y de muchos, en el pasado y hoy en
d=EDa, tambi=E9n, en toda l tierra, por ejemplo, sino que Dios desea ver
vida: s=F3lo vida, como la del cielo, libre de los males del pecado y de
la muerte, por ejemplo.
Es decir, la vida preciosa del reino de los cielos y del para=EDso,
tambi=E9n, que s=F3lo el esp=EDritu de vida del Se=F1or Jesucristo ha
tra=EDdo a la vida del hombre, para que la reciba, creyendo tan s=F3lo en
su coraz=F3n y confesando con sus labios su nombre salvador, de vida y
de salud infinita, para la humanidad entera.
Porque s=F3lo en la invocaci=F3n del hombre del Se=F1or Jesucristo es que
se abre el coraz=F3n de Dios y las ventanas de los cielos, para que cada
una de las bendiciones de milagros, de maravillas, de sanidades, de
salud y de salvaci=F3n eterna desciendan a la vida de cada hombre,
mujer, ni=F1o y ni=F1a de la humanidad entera.
Con el fin de redimirla de todos los males, del pecado y de su muerte
del mundo perdido, de Lucifer y de sus =E1ngeles ca=EDdos, por ejemplo,
en la tierra y en el m=E1s all=E1, tambi=E9n, como en el fuego eterno del
infierno y del lago de fuego, la segunda muerte final de Lucifer y del
alma pecadora del hombre.
MANT=C9NGANSE LEJOS DE LOS DESEOS DE LA CARNE, PORQUE CAMBATEN CONTRA EL
ESP=CDRITU DE LA LEY Y DEL NOMBRE DE JES=DAS
Por esta raz=F3n, mis estimados hermanos y mis estimadas hermanas, yo,
les exhorto como peregrinos y expatriados de sus tierras, a que se
abst=E9nganse / renuncien de las pasiones carnales que combaten contra
sus almas para contaminarlas con el pecado y destruirlos, perdidos
entre las profundas tinieblas de la tierra y del m=E1s all=E1, tambi=E9n,
en el fuego del infierno.
Ya que, el enemigo de nuestras almas ha descendido con gran ira en su
coraz=F3n perdido para atacar y atacar siempre, a cada uno de todos los
hombres, mujeres, ni=F1os y ni=F1as de la tierra, para que jam=E1s
conozcan en sus corazones: la luz y las verdaderas pasiones del
Esp=EDritu Santo y de la carne sagrada del Hijo amado de Dios.
Porque Lucifer s=F3lo quiere tener tinieblas tras tinieblas, en la
tierra y en el mundo bajo de los muertos, en el m=E1s all=E1. Es por eso,
que la luz del esp=EDritu de la palabra y del nombre de Dios le
atormentan d=EDa y noche, en la tierra y en el m=E1s all=E1, y no lo deja
vivir en paz, (cualquiera que sea esa paz, sin Jesucristo, como su
=C1rbol de vida y de paz eterna para su esp=EDritu perdido, por ejemplo).
Adem=E1s, la =FAnica manera que su coraz=F3n perdido en las tinieblas, de
su primer pecado de rebeli=F3n, en contra del nombre del Se=F1or
Jesucristo y de su Ley, ha de ser feliz si la luz del =C1rbol de la vida
dejase de existir, no s=F3lo en la tierra, sino tambi=E9n en el para=EDso
y en el reino de los cielos.
Y para lograr esta gran obra diab=F3lica de su coraz=F3n perdido, en la
oscuridad de su mentira y de su gran maldad, entonces Lucifer tiene que
atacar y atacar siempre a los =E1ngeles del cielo y a todos los
potenciales hijos e hijas del nombre sagrado de su Hijo amado, el
Se=F1or Jesucristo, en todos los lugares de la tierra.
Es por eso, que muchas veces han llegado ataques terribles a tu vida,
mi estimado hermano y mi estimada hermana, desde las profundas
oscuridades del coraz=F3n perdido de Lucifer y del m=E1s all=E1, tambi=E9n,
como desde el mundo bajo de los muertos, perdidos en sus profundas
tinieblas, sin la luz del Se=F1or Jesucristo en sus almas eternas.
Porque no es posible que el coraz=F3n del hombre pecador, lleno de los
deseos de su carne, del fruto prohibido, regrese al para=EDso, para
seguir pecando y comiendo del =E1rbol de la ciencia del bien y del mal,
sino todo lo contrario. Dios desea ver que su =C1rbol de vida eterna, el
Se=F1or Jesucristo, sea eternamente honrado por siempre, la vida del
hombre, de la mujer, del ni=F1o y de la ni=F1a del para=EDso y de toda la
tierra, tambi=E9n.
Es decir, que Dios desea que el coraz=F3n del hombre regrese a su vida
celestial, de sus primeros pasos, en el para=EDso, "siempre
comiendo" de su fruto de vida eterna, su Jesucristo, para que siga
comiendo de =C9l, en su nuevo reino celestial, es decir, en su ciudad
santa y eterna, La Nueva Jerusal=E9n, de su =C1rbol de vida eterna.
Por esta raz=F3n, todos los deseos malos del coraz=F3n pecador y de los
deseos de la carne del fruto prohibido, del =E1rbol de la ciencia del
bien y del mal, tienen que terminar aqu=ED, en la tierra de nuestros
d=EDas, por ejemplo, y no en el m=E1s all=E1, en el para=EDso o en el nuevo
reino de los cielos.
Porque en el reino de los cielos, s=F3lo los deseos del fruto de vida,
los cuales "emanan del coraz=F3n del hombre de fe", del nombre
sagrado del Se=F1or Jesucristo, han de seguir viviendo sus nuevas vidas
infinitas, en el m=E1s all=E1. Y esto ha de ser por siempre, delante de
Dios y de su =C1rbol de vida eterna, el Se=F1or Jesucristo, hoy en d=EDa,
como en los d=EDas de la antig=FCedad, en la nueva eternidad venidera, de
su nuevo reino celestial, por ejemplo, de su humanidad y de sus
=E1ngeles infinitos, tambi=E9n.
Porque s=F3lo la vida preciosa y sumamente gloriosa de su Hijo amado ha
de reinar por siempre, en el coraz=F3n de la vida, de cada =E1ngel del
cielo y de cada hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a, redimido por los poderes
sobrenaturales de la sangre y de la carne mesi=E1nica del Cordero
Escogido Dios, su Hijo amado, el Cristo.
Por cuanto, ha sido s=F3lo Jesucristo, quien dio su vida santa y los
deseos sagrados de su carne sublime, por la salvaci=F3n perfecta de la
humanidad entera, sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de
Jerusal=E9n, en Israel, para ponerle fin al pecado, y levantarse de su
muerte a la eternidad, a una nueva vida, libre del mal.
Para que en un d=EDa como hoy, por ejemplo, haya vida en abundancia para
todo aquel, como t=FA, mi estimado hermano y mi estimada hermana, que se
acerque con fe, en su coraz=F3n, de su nombre santo, ante =C9l y ante sus
huestes de =E1ngeles gloriosos del m=E1s all=E1, del nuevo reino de los
cielos, para vivir la vida, desde ya.
Y s=F3lo as=ED entonces su alma pueda ver la vida eterna de su nuevo
mundo celestial, en el m=E1s all=E1, s=F3lo por medio de la sangre y de
los deseos perfectos y de la carne gloriosa y sumamente sagrada del
Se=F1or Jesucristo, el =FAnico posible y verdadero gran rey Mes=EDas para
Israel y para las naciones de la tierra.
Por lo tanto, s=F3lo al Se=F1or Jesucristo sea de nuestro coraz=F3n y de
nuestra alma viviente: toda la gloria y la honra para nuestro Padre
Celestial que est=E1 sentado en su trono de gozo eterno, en el nuevo
reino de los cielos, como la nueva ciudad celestial prometida a los
antiguos, La Nueva Jerusal=E9n Perfecta.
En donde, s=F3lo los deseos del coraz=F3n y de la carne del =C1rbol de
vida han de vivir y, a la vez, han de ser una realidad, en cada hombre,
mujer, ni=F1o y ni=F1a, de todas las familias, razas, pueblos, linajes,
tribus y reinos del mundo entero, que amen a Dios, s=F3lo por medio de
su Hijo, =A1el Se=F1or Jesucristo!
ES MUY BUENO DESECHAR LOS DESEOS DE LA CARNE PECADORA
En vista de que, todos los deseos de la carne provienen del fruto del
=E1rbol, de la ciencia del bien y del mal, del presente mundo, y no de
nuestro Dios que est=E1 en los cielos. Y el mundo est=E1 pasando con los
deseos desordenados, de la carne del hombre rebelde a Jesucristo, pero
el que hace la voluntad de Dios permanecer=E1 para vida eterna, en el
para=EDso y en el nuevo reino de los cielos.
Y =E9sta es la voluntad de Dios que crean todos en el nombre de su Hijo
amado, el Se=F1or Jesucristo, para bendici=F3n, para perd=F3n de pecados y
para vida y salud eterna, en la tierra y en el nuevo reino de los
cielos, hoy en d=EDa y por siempre, en la eternidad venidera, de su
humanidad infinita redimida por amor.
Por cuanto, s=F3lo en el coraz=F3n y en la carne de su Hijo amado est=E1n
los deseos que agradaran por siempre a nuestro Dios y Padre Celestial,
en la tierra y en el para=EDso, para miles de siglos venideros, en el
m=E1s all=E1. Es por eso, que s=F3lo los que hacen la voluntad del
coraz=F3n y de la carne de su =C1rbol de vida eterna, han de permanecer
para siempre y jam=E1s han de morir, en esta vida, ni en la venidera, en
el nuevo m=E1s all=E1 de su reino de los cielos y de su Esp=EDritu Santo,
por ejemplo.
Ya que, los enga=F1os del coraz=F3n puesto en las riquezas del mundo y
las codicias de la carne entre otras cosas, que no son de Dios, pues,
ahogan la palabra de vida, y as=ED queda sin fruto alguno en el coraz=F3n
del pecador, sino s=F3lo los frutos prohibidos del =E1rbol de la ciencia
del bien y del mal, prevalecen siempre.
Es decir, que los deseos perdidos del fruto prohibido que Ad=E1n comi=F3
en el d=EDa de su rebeli=F3n, en el para=EDso, entonces se manifiestan en
la sangre del pecador constantemente, para mal eterno de su vida y de
los dem=E1s, tambi=E9n, en la tierra y en el m=E1s all=E1, como en el mundo
bajo de los muertos, en el infierno.
Porque cada pecador y cada pecadora son seducidos y arrastrados d=EDa y
noche hacia la orilla del abismo, del mundo de los muertos, para que
caigan perdidos eternamente y para siempre, entre las llamas eternas de
la ira de Dios, en el infierno, por ejemplo, como le sucedi=F3 a Lucifer
y a cada uno de sus seguidores, en la antig=FCedad.
Por cuanto, son las tinieblas enga=F1adoras de la palabra de mentira de
Lucifer, en la sangre de Ad=E1n y de cada uno de sus descendientes, como
t=FA y yo, hoy en d=EDa, mi estimado hermano y mi estimada hermana, que
nos llevan ciegos hacia el pecado y a la orilla del abismo, para caer
por fin perdidos en el castigo eterno.
Es por eso, que es muy bueno cada hombre, mujer, ni=F1o y ni=F1a, de la
humanidad entera, crea en su coraz=F3n e invoque con sus labios: el
nombre redentor del Se=F1or Jesucristo, para que su coraz=F3n, su
esp=EDritu humano y su alma viviente junto con su cuerpo sean protegidos
de todo mal eterno, en la tierra y en el m=E1s all=E1.
Y, a la vez, arr=F3pense con el esp=EDritu de la palabra y del verbo
hecho carne, para manifestar siempre los deseos perfectos, de los que
siempre agraden al Esp=EDritu Santo, de nuestro Padre Celestial, en la
tierra y en el para=EDso, tambi=E9n. Y esto ha de ser verdad en cada
viuda nueva e infinita de cada creyente por siempre, en la tierra y en
la eternidad venidera, del nuevo reino de los cielos, como la nueva
ciudad celestial y eterna, La Nueva Jerusal=E9n Gloriosa y Brillante por
el rostro del SE=D1OR.
Es decir, tambi=E9n, de que si viven arropados y llenos del nombre y del
esp=EDritu de la sangre, de vida eterna del Se=F1or Jesucristo, entonces
de ninguna manera los frutos del fruto prohibido del =E1rbol de la
ciencia, del bien y del mal, se han de manifestar en ninguno de
ustedes, en ninguna manera, ni de ninguna forma, jam=E1s.
Como tambi=E9n jam=E1s se han de manifestar en el para=EDso o en el nuevo
reino de los cielos, porque el fruto de vida eterna del =C1rbol de Dios,
el Se=F1or Jesucristo, prevalece en contra de cada uno de los deseos
malvados, de la carne del pecador, en la tierra y en el m=E1s all=E1,
tambi=E9n, hoy en d=EDa y por siempre.
Por esta raz=F3n, Dios nos ha manifestado de su gracia salvadora, s=F3lo
por medio de la fe, de creer y de confesar con nuestros labios: el
nombre del Se=F1or Jesucristo. Con el prop=F3sito de ense=F1arnos a vivir,
de la misma manera que =C9l vivi=F3, con los deseos santos de su coraz=F3n
y de su carne consagrada, para agradar: "a la verdad y a la justicia
perfecta e infinita de la Ley, en el coraz=F3n de cada uno de nosotros,
en la tierra y en el para=EDso de regreso, para siempre.
El amor (Esp=EDritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo
es contigo.
=A1Cultura y paz para todos, hoy y siempre!
D=EDgale al Se=F1or, nuestro Padre Celestial, de todo coraz=F3n, en el
nombre del Se=F1or Jesucristo: Nuestras almas te aman, Se=F1or. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra
a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo,
tambi=E9n, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado,
el Se=F1or Jesucristo.
LOS =CDDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS
Es por eso que los =EDdolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para
que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida de acuerdo, a la
voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Esp=EDritu Eterno. Pero
todo esto tiene un fin en tu vida, en =E9sta misma hora crucial de tu
vida. Has de pensar quiz=E1 que el fin de todos los males de los =EDdolos
termine, cuando llegues al fin de tus d=EDas. Pero esto no es verdad.
Los =EDdolos con sus esp=EDritus inmundos te seguir=E1n atormentando d=EDa
y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber
desobedecido a la ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos
estos males est=E1 aqu=ED contigo, en el d=EDa de hoy. Y =E9ste es el
Se=F1or Jesucristo. Cree en =C9l, en esp=EDritu y en verdad. Usando
siempre tu fe en =C9l, escaparas los males, enfermedades y los tormentos
eternos de la presencia terrible de los =EDdolos y de sus huestes de
esp=EDritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos
tambi=E9n, en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios
su ley santa es de d=EDa en d=EDa honrada y exaltada en gran mane | | |